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Cientos de personas congregadas en la plaza de San Pedro, en el Vaticano, con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado, el 17 de enero de 2016

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El papa Francisco celebró este domingo en la plaza de San Pedro el jubileo de los emigrantes ante unas 5.000 personas, entre ellas numerosos latinoamericanos y filipinos, a quienes instó a "no dejarse robar la esperanza" pese a las "experiencias de miseria, opresión y miedo" que han vivido.

"La presencia de ustedes en esta plaza es signo de esperanza en Dios ¡No se dejen robar la esperanza y la alegría de vivir!", dijo el papa argentino a los cientos de migrantes congregados bajo una enorme pancarta con las banderas de numerosos países y que rezaba en italiano "Grazie [gracias] papa Francesco".

Desde la ventana del palacio apostólico, el papa rezó el Ángelus y saludó con particular afecto a "las comunidades étnicas" presentes en la plaza para celebrar la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado.

"Cada uno de vosotros lleva una historia, una cultura, valores preciosos y, a veces, experiencias de miseria, de opresión y de miedo", recordó el papa.

El pontífice argentino, hijo de inmigrantes italianos, es muy sensible al fenómeno de la migración, un drama que azota al mundo, tanto en Europa como en América.

El pasado 11 de enero, ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, el papa invitó a la comunidad internacional a ir más allá para hacer frente a una emergencia histórica a elaborar "planes a medio y largo plazo" con "audacia creativa".

"Gracias santidad, gracias por lo que ha hecho por la diáspora de Ucrania", dijo a la AFP-TV el ucraniano Mariam Kovanchuk, de 38 años, quien huyó hace cuatro años de su país por la guerra y la pobreza.

Grupos de peruanos y ecuatorianos que residen en la céntrica región italiana del Lazio, donde se encuentra Roma, se citaron en la inmensa plaza para cantar y rezar por el papa latinoamericano.

"Tras una década olvidados, por fin tenemos quien nos defienda", comentó Rosita, una peruana de 60 años que trabaja en el servicio doméstico.

- 30 nacionalidades distintas -

Junto a los latinoamericanos, familias enteras de filipinos, una de las mayores comunidades de extranjeros residentes en Lazio, se preparaban para atravesar la Puerta Santa de la basílica de San Pedro.

Con ese gesto, que se realiza sólo durante el año del Jubileo, se obtiene la indulgencia plena, es decir el perdón de los pecados, según la tradición católica.

"Que la misa y el cruce de la Puerta Santa les llene el corazón de paz", clamó el pontífice.

Inmigrantes de 30 nacionalidades diferentes tenían previsto asistir más tarde en la basílica a una misa presidida por el cardenal Antonio Maria Veglio, entre ellos 200 africanos solicitantes de asilo en Italia.

A un lado del altar de la basílica fue colocada la cruz de Lampedusa, realizada con la madera de los barcos que cruzan el Mediterráneo cargados de emigrantes y que el papa bendijo en 2014, cuando visitó la isla italiana emblema del drama de emigración.

"Son gente que huye de la pobreza, de la guerra, no podemos abandonarlos", comentó por su parte Giuseppe Giudici, de 74 años, de la Asociación de Trabajadores Católicos Italianos.

Según datos del Pontificio Consejo Pastoral para los Migrantes, 3.700 personas, entre ellos 800 niños, perdieron la vida en 2015 en la travesía del Mediterráneo.

Entre los asistentes había un grupo de musulmanes, palestinos, libaneses y sirios, liderados por Foad Aodi, presidente de la Comunidad del Mundo Árabe en Italia. "Aquí estamos. Para dar y pedir solidaridad", dijo.

Ante los miles de fieles presentes en la plaza, el papa pidió oraciones para las víctimas de los atentados en Yakarta y Uagadugú, reivindicados por organizaciones yihadistas.

Este mismo domingo, bajo un impresionante dispositivo de seguridad, el papa visita la sinagoga de Roma con el objetivo de abrazar a la comunidad judía y convertirse en el tercer pontífice que entra en un templo hebreo, después de Juan Pablo II, en 1986, y Benedicto XVI, en 2010.

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AFP