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Asistentes al séptimo congreso del Partido de los Trabajadores, el único de Corea del Norte, aplauden la llegada de su líder, Kim Jong-un, el 9 de mayo de 2016 en Pyongyang

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El partido único en el poder en Corea del Norte, el impenetrable Partido de los Trabajadores (PTC), abrió brevemente sus puertas a los medios de todo el mundo el lunes, mientras afianzaba el poder de su líder, Kim Jong-un.

Los periodistas extranjeros invitados a cubrir el primer congreso del PTC en 36 años no habían podido acercarse hasta ese momento a menos de 200 metros del Palacio del 25 de abril, donde 3.400 delegados comenzaron a reunirse el viernes. Aún así, el lunes, unos 130 reporteros pudieron entrar en la sala del congreso, aunque solo durante cinco minutos.

Durante el precedente acontecimiento de este tipo, los medios pudieron entrar en la sala también, algo muy raro en un país tan hermético.

Miles de hombres con aire solemne y algunas mujeres por la sala vestidas sobriamente participaban en el congreso, sentados en filas de asientos rojos, al lado de militares con el pecho cubierto por medallas.

Mientras la música brotaba por los altavoces, los asistentes se levantaron y aplaudieron con fuerza al tiempo que Kim Jong-un, flanqueado por altos responsables, aparecía en el escenario.

El jefe del Estado norcorearno, Kim Yong-nam, cuya función es mayoritariamente honorífica, anunció una serie de nombramientos dentro del partido, incluyendo la entrega de un nuevo título para el joven dirigente de 33 años: el de presidente.

- Ni teléfonos, ni escaleras plegables -

Los periodistas tuvieron que salir cinco minutos después de haber entrado, pero los preparativos para la incursión en la sala duraron largas horas.

La seguridad era muy estricta. Los reporteros fueron registrados minuciosamente.

Los teléfonos móviles, así como cualquier otro objeto sospechoso, incluyendo los bolígrafos de metal, fueron confiscados de forma momentánea. También las escaleras plegables de los fotógrafos fueron prohibidas.

Se condujo a la prensa hasta un vestíbulo, decorado con columnas de mármol, candelabros y retratos de los antiguos dirigentes Kim Il-sung y Kim Jong-il, abuelo y padre del mandatario actual.

Antes de entrar en la sala del congreso, se solicitó a los medios que se abstuvieran de grabar o de fotografiar las notas que fueran tomando los congresistas.

El centro de Pyongyang estaba decorado para la ocasión con la bandera del partido y su emblema, la hoz, el martillo y el pincel, que representan a los obreros, los agricultores y los intelectuales.

Como ya hicieran su abuelo y su padre antes que él, Kim Jong-un parece disfrutar de una autoridad incontestable. En cualquier caso, el congreso del partido no es un espacio de debate.

Según los analistas, esta reunión fue, de hecho, una consagración del poder del joven dirigente, quien, al contrario que su padre, no tuvo mucho tiempo para prepararse para su sucesión.

Kim Jong-un tomó el poder en diciembre de 2011 tras la repentina muerte de su predecesor, Kim Jong-il.

Desde entonces, Kim Jong-un trabaja para consolidar su poder. Se ha mostrado implacable con todos aquellos a quienes ha considerado desleales dentro del partido, del gobierno y del potente ejército. También ordenó la ejecución de su tío y exmentor, Jang Song-Thaek.

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AFP