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El economista Angus Deaton en rueda de prensa en Princeton, Nueva Jersey, el 12 de octubre de 2015

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Las iniciativas proliferan para "medir mejor" la riqueza de las naciones, pero de momento nada consigue suplantar al PIB, considerado por muchos como "desfasado" y sin embargo muy usado por gobiernos, un tema que forma parte de la obra del nuevo nobel de Economía, Angus Deaton.

Sin proponer otra forma de medición, el economista británico-estadounidense ha reflexionado sobre los límites del Producto Interno Bruto para evaluar el bienestar de las personas, para ser ajustado analizando datos individuales incorporando también medias globales.

Este enfoque no cuantitativo lo llevó a integrar la "Comisión Stiglitz", formada en 2008 a instancias del entonces presidente francés Nicolas Sarkozy, para definir parámetros de progreso diferentes de PIB.

"El PIB pone el acento sobre la cantidad y no sobre la calidad. Es un indicador que corresponde al periodo productivista de los treinta gloriosos (el periodo de posguerra)", y dice poco sobre el bienestar de las personas, estima el sociólogo francés Dominique Meda, miembro del Foro para Otros Indicadores Alternativos de Riqueza (Fair).

Pese a las críticas, el PIB, ideado en 1934 por otro premio nobel, Simon Kuznets, "se ha convertido en una especie de tótem, en particular porque evalúa el crecimiento, algo que es determinante en nuestras sociedades", sostiene Meda.

"El PIB es hoy mucho más que un simple instrumento de medida", asegura a la AFP Dirk Philipsen, economista en la universidad estadounidense de Duke (Estados Unidos) y autor de un libro sobre el tema.

"Se ha convertido en un fin en sí, en la definición misma de lo que es la economía", asegura

Pero desde hace años arrecian las críticas contra este indicador, acusado por algunos de reflejar de forma "inadaptada", "incompleta" o "burda" la actividad económica de los países.

Principal reproche: el PIB, que mide el valor de los bienes y servicios producidos en un período determinado, sólo toma en cuenta las transacciones mercantiles, pero no las actividades no monetarias como el trabajo voluntario o doméstico, que contribuyen a la calidad de vida de los habitantes. Además, no integra el impacto, a menudo nefasto, de las actividades de producción para la sociedad.

Según ese método, si se destruye un bosque milenario para vender madera, se crea valor comercial y se incrementa el PIB, pese a los efectos negativos en el medio ambiente. Más absurdo aún: si una marea negra afecta al litoral, se genera actividad para limpiarlo, lo que estimula el crecimiento y hace subir el PIB.

"El PIB está inadaptado a los desafíos del siglo XXI, que son la ecología y las desigualdades. Es una brújula falseada", opina Eloi Laurent, del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas (OFCE).

- Métodos alternativos -

Para sortear estas lagunas, varios expertos han ideado instrumentos "alternativos" que toman en cuenta dimensiones sociales, culturales o medioambientales para evaluar la riqueza.

Uno de los primeros en hacerlo fue el economista indio Amartya Sen, premio Nobel 1998 y creador del Índice de Desarrollo Humano (IDH), utilizado en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que combina tres criterios: ingreso por habitante, educación y esperanza de vida.

En los años 2000 se crearon otros indicadores, como el índice de bienestar económico (IBE) o el índice de mejor vida (IMV), sin olvidar el famoso "Felicidad Nacional Bruta" (FNB), elaborado por el pequeño reino de Bután.

Sin embargo, el PIB sigue presente, lo que Philipsen explica por la "inercia", pero también "la falta de voluntad política", ya que indicadores alternativos pueden amenazar a instituciones políticas existentes.

Para Meda, el problema es que no hay un acuerdo sobre qué indicadores son los que cuentan.

Sin embargo, Laurent constata hay una evolución.

"Hoy no hay ningún dirigente del planeta que se fie únicamente del PIB. La gente se da cuenta que crecer un 10% si un 75% del agua está contaminada y el aire es irrespirable, no tiene sentido", afirma.

"El PIB perderá progresivamente importancia", pronostica el economista francés Jacques Attali, que lanzó en 2013 el "índice de positividad", que evalúa el compromiso de los países hacia sus generaciones futuras.

Aunque cree que este proceso va a ser lento.

"El PIB tardó 30 años en imponerse. Es normal que otros indicadores tarden en emerger", observa.

AFP