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El presidente afgano, Ashraf Ghani, sale de una conferencia internacional sobre la paz en el palacio presidencial de Kabul, el 6 de junio de 2017

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El presidente afgano, Ashraf Ghani, dio un ultimátum este martes a los talibanes, exhortándolos a aprovechar la "última oportunidad" para la paz, días después de un devastador atentado en la capital que dejó más de 150 muertos.

La opinión pública está cada vez más indignada con el presidente Ghani debido al catastrófico deterioro de la seguridad en el país.

Durante manifestaciones en los últimos días, plagadas de violencias y disturbios, se pidió la dimisión de su gobierno por su incapacidad para resolver la situación.

"Damos una oportunidad a la paz, pero no es una oferta ilimitada en el tiempo. (...) Es la última oportunidad, aprovéchenla o sufrirán las consecuencias", declaró Ghani durante una cumbre que reúne a una veintena de países en Kabul.

La cumbre, denominada 'Proceso de Kabul', es una reunión de carácter simbólico cuyo objetivo es obtener el apoyo internacional a medidas para la restauración de la paz.

Ghani aludió a la posibilidad para los talibanes de abrir una oficina que los represente, y añadió que era flexible sobre el lugar de eventuales negociaciones.

Los insurgentes islamistas replicaron lanzando un cohete sobre lo que -según ellos- eran locales de la OTAN. Aterrizó en la residencia del embajador de India, sin causar víctimas.

Por otra parte, una bomba escondida en una moto hizo explosión este martes cerca de la principal mezquita de la ciudad de Herat (oeste), provocando la muerte de siete personas e hiriendo a otras 16, según el ministerio del Interior.

- Tensión en Kabul -

La reunión de Kabul se celebra bajo muy estrictas medidas de seguridad, con vehículos blindados patrullando las calles de la ensangrentada capital por el último atentado, sobrevolada por aviones caza.

La población de Kabul está particularmente tensa desde el atentado con camión bomba que estalló el miércoles pasado en el barrio diplomático, el peor en la capital en 15 años.

El atentado no fue reivindicado. El Gobierno señala a la red Haqqani, aliada de los talibanes afganos.

Éstos están en fase ofensiva y reivindicaron estos últimos meses una serie de sangrientos ataques contra bases y posiciones militares afganas.

Al iniciarse la cumbre, Ghani revisó en fuerte alza el balance del atentado, a 150 muertos y 300 heridos, entre ellos numerosos amputados y quemados. El precedente balance de este atentado era de 90 muertos. Se ignora cuál era el objetivo del atentado.

"Somos una nación de supervivientes. Los terroristas hacen correr ríos de sangre, pero no quebrarán nuestra determinacion" añadió el presidente afgano.

- Gobierno debilitado -

El principal operador de telefonía afgano, el grupo Roshan, se vio particularmente afectado: al menos 31 de sus empleados murieron y sus oficinas quedaron muy dañadas, lo que ha provocado cortes en la red.

El atentado avivó profundas divergencias políticas y étnicas que debilitan al Gobierno afgano.

Dos días después del ataque, centenares de manifestantes tomaron las calles para protestar contra la inseguridad. Cuatro de ellos resultaron muertos en enfrentamientos con la policía.

Los manifestantes, aún movilizados, cumplían este martes su quinto día de 'sentada' en el lugar de la explosión, y exigen la dimisión del consejero nacional de seguridad, Hanif Atmar.

El ministro de Exteriores, Salahudin Rabani, que dirige el partido Jamiat, tayiko, pidió también esta dimisión el lunes. Pero el presidente Ghani, procedente de la etnia pashtun, se opone radicalmente a ello.

Rabani sobrevivió a un atentado, no reivindicado, que se produjo el sábado durante los funerales de un manifestante muerto por la policía.

El ministro aludió a los "terroristas en el seno del sistema", y dio a entender que se trató de una trampa. Pero el Gobierno acusó por su lado a los extremistas formados en las escuelas coránicas paquistaníes.

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