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Alejandro Cao de Benós, delegado especial de relaciones culturales internacionales de Corea del Norte, tras la barra de su Pyongyang Cafe de Tarragona el 30 de julio de 2016

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Aislada en la comunidad internacional, Corea del Norte dispone ahora de un modesto aliado en la costa española, el Pyongyang Cafe, un pequeño bar en Tarragona para apoyar al régimen comunista de Kim Jong-Un.

Si bien el Gobierno de Pyongyang posee una cadena de restaurantes presente en varios países asiáticos, éste es el único bar en Occidente ambientado en Corea del Norte, asegura su fundador. En 2012, se inauguró uno en Ámsterdam, pero cerró pocos después.

Ubicado en el centro de esta ciudad catalana conocida por sus ruinas romanas, el bar luce una enorme bandera norcoreana pintada tras la barra, en la que sirven tés típicos del país y cervezas asiáticas.

La decoración es moderna, alejada de la tradición asiática. Carteles de propaganda socialista traídos desde Pyongyang salpican las paredes. En un rincón, una estantería contiene obras en español de los líderes de la dinastía Kim, que dirige el país desde 1948.

"Corea del Norte es la gran desconocida del mundo", dice su fundador, el español Alejandro Cao de Benós, presidente de la Asociación de Amistad con Corea.

"Queremos romper con todos esos mitos, esa manipulación. Y como mucha gente no puede ir a Corea, porque es complicado y está lejos, pueden acercarse a nuestro café", explica.

- 'A merced de Kim Jong-Un' -

Nombrado en 2002 delegado especial de relaciones culturales internacionales de Corea del Norte, Cao de Benós es el único occidental con un cargo, aunque honorífico, en el régimen de Pyongyang.

Aparece en numerosos medios para defender este país, constantemente en el ojo del huracán por sus pruebas nucleares y las denuncias de violación de los derechos humanos.

"El acceso a la alimentación, el tener vivienda o trabajo se cumple mucho más en Corea del Norte que en cualquier otro país capitalista. Esos son los verdaderos derechos humanos en los que creemos", dice.

Según él, Pyongyang es víctima de una difamación por no someterse a Estados Unidos y a las doctrinas occidentales. Además, descalifica estas denuncias, basadas únicamente en el testimonio de refugiados, ya que no se puede acceder al país.

"No se trata de una campaña orquestada. Tenemos decenas de miles de personas describiendo la misma imagen del país", indica por teléfono Sokeel Park, de Liberty in North Korea, una asociación de ayuda a refugiados norcoreanos en Seúl.

En un informe de 2014, la ONU detallaba una larga lista de crímenes: exterminio, esclavitud, tortura, violaciones, abortos forzados, persecución política, traslado forzado de población, desapariciones...

"El panorama allí es desolador. La gente está completamente a merced de lo que Kim Jong-Un disponga para ellos", afirma Ángel Gonzalo, portavoz de Amnistía Internacional. "Es difícil encontrar un derecho que no se vulnere", añade.

- Turismo en Corea -

El país, una rareza en un mundo globalizado, despierta interés. La Asociación de Amistad con Corea cuenta con 17.000 miembros y el Pyongyang Cafe está recibiendo a una media de 35 personas diarias, explica su propietario.

Su objetivo es convertir este local en un centro cultural, organizando charlas sobre gastronomía y tradiciones, proyecciones de películas o conferencias.

Su primer evento trató sobre turismo y contó con diez asistentes. "Mucha gente piensa que no se puede viajar a Corea del Norte y no es cierto", les explicaba Sergio Guijo, director de la agencia de viajes Travel Corea.

El país recibe anualmente a 50.000 turistas, 45.000 de ellos chinos. En un año, esta agencia llevó a unos 60 españoles allí.

"El viaje es muy estructurado, muy organizado, siempre acompañado por el personal de turismo de la nación, pero (...) ofrece grandes estándares de seguridad", dice Guijo a la AFP.

Para Michel García, un informático suizo de 50 años que asistió al evento, es "un país extremadamente interesante". "No hay que creer todo lo que nos dicen. Yendo allí, se puede comprobar", añadió.

Park, de Liberty in North Korea, sostiene que es un arma de doble filo: la llegada de turistas y divisas extranjeras da aire al régimen, sujeto a numerosas sanciones internacionales, pero también puede contribuir a la apertura del país.

"Un refugiado norcoreano me explicó que ver visitantes chinos le hizo pensar: 'Los chinos pueden venir a Corea, entonces ¿por qué yo no puedo ir a China? ¿Por qué no puedo ver el mundo exterior?'", relató.

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AFP