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El estudiante sirio Moataz Ghannam, becado por Kiron, posa en Berlín antes de conceder una entrevista a la AFP el 6 de septiembre de 2017

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El estudiante sirio Moataz Ghannam cree que muchos alemanes no entendieron a la canciller Angela Merkel cuando pronunció su famosa frase "podemos conseguirlo", en un momento en que la llegada de refugiados al país tocaba su punto máximo.

"Yo no lo veo como un hecho -'podemos hacerlo ahora'-, sino como un objetivo: todos necesitamos trabajar juntos, refugiados y alemanes", afirmó el joven, de 27 años.

La odisea de Ghannam desde su país, arrasado por la guerra, hasta la mayor potencia económica de Europa representa una completa historia de éxito. Recientemente fue invitado a participar en un comité junto a Merkel para evaluar los progresos efectuados en los últimos dos años.

Ghannam podrá terminar su carrera en administración de empresas en una universidad privada de Berlín, en parte gracias a la ayuda de la organización sin ánimo de lucro Kiron, con sede en la capital alemana.

Kiron Open Higher Education, que ayuda a 2.700 estudiantes extranjeros, de los cuales más del 40% son sirios, es uno de los proyectos que Merkel ha visitado de cara a las elecciones generales del 24 de septiembre.

En un alemán fluido, Ghannam explicó a la AFP que, en su opinión, el mensaje de Merkel, que se mostró confiada en la capacidad de Alemania para acoger a los refugiados, había forzado a muchos a enfrentar su miedo a lo desconocido.

"Alemania es una tierra de oportunidades, pero tienes que hacer un esfuerzo, no puedes quedarte sentado en casa o esperar algo de la oficina del paro", afirmó.

Alrededor de 200.000, de más del millón de refugiados llegados al país desde 2015, han encontrado un empleo legal hasta la fecha, aunque las previsiones para el resto varían sensiblemente.

- Cultura de acogida -

A finales del verano de 2015, miles de personas que habían huido de la guerra y la miseria llegaban cada día a las estaciones de tren alemanas.

Allí eran recibidos por multitudes de personas que les daban la bienvenida y el flujo dio lugar al nacimiento de una nueva palabra, "Willkommenskultur" (cultura de acogida), probando que su país estaba en el lado bueno de la historia.

Pero también se produjo una oleada de hostilidad y de caos, especialmente en el empobrecido este del país, antaño comunista. Multitud de centros de refugiados fueron incendiados y numerosos solicitantes de asilo han recibido amenazas en algunas áreas rurales.

Una serie de agresiones sexuales en la Nochevieja de 2015 en Colonia, de las que se responsabilizó a migrantes norteafricanos, y varios atentados islamistas amenazaron con acabar con el sentimiento de tolerancia y de solidaridad.

Los comentaristas empezaron a hablar del obituario político de Merkel. Pero, dos años después, la canciller, en el poder desde 2005, parece más que preparada para asumir un cuarto mandato.

Su principal rival, el socialdemócrata Martin Schulz, la apoya en su política hacia los refugiados, una de las principales preocupaciones de los electores.

El número de llegadas se ha reducido a causa del cierre de la llamada ruta de los Balcanes y de la firma de un controvertido pacto con Turquía para frenar el flujo.

Y mientras, los apocalípticos augurios que lanzaban muchos escépticos, incluyendo algunos de sus aliados políticos y el presidente de EEUU, Donald Trump, no se han cumplido.

- Tablero político cambiado -

Markus Kressler, cofundador de Kiron, afirmó que el programa persigue que todos los esfuerzos iniciales para la integración de los refugiados no caigan en saco roto.

"No queremos tener que apoyarnos en la idea de que el espíritu del 'podemos conseguirlo' vaya a durar, pues este siempre se da al principio de situaciones de crisis pero luego el clima político cambia", indicó.

Pese a la ventaja de 15 puntos de Merkel en los sondeos, el tablero político de Alemania se ha alterado notablemente en los últimos dos años.

El partido antiinmigración Alternativa por Alemania (AfD) logró convencer a los votantes desencantados de las formaciones más grandes y entró en 13 de los 16 Parlamentos regionales del país.

Su popularidad ha bajado desde que alcanzó un pico a finales de 2016, pero los sondeos le siguen atribuyendo al menos un 10%, es decir, 60 escaños como mínimo en la Cámara baja del Bundestag.

Con todo, Merkel se mantiene firme en su mensaje. "Era importante y justo que nos hiciéramos cargo de esa gente de forma urgente, como también lo es encontrar estructuras (para integrarlos) fuertes a largo plazo", declaró a los periodistas el mes pasado.

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AFP