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Un vendedor recibe dos billetes de diez libras el 11 de abril de 2017 en su tienda en el mercado de Whitechapel, en el este de Londres

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El Reino Unido se acerca a las elecciones con una economía con buenos números, pero la desigualdad persiste y los años de austeridad presupuestaria han dejado huella.

Alejarse de Londres, de su City y su espléndido sector financiero, es a veces sumergirse en el mundo de 'Yo, Daniel Blake', la película de Ken Loach, Palma de Oro en Cannes en 2016, que narra los problemas con los servicios sociales de un hombre maduro que tiene que dejar de trabajar por problemas de salud.

La desigualdad ocupa una parte de la campaña electoral de las elecciones del 8 de junio y jugó su papel en el malestar social que condujo a la victoria del Brexit, en junio de 2016.

El Partido Conservador, de Theresa May, insiste en que la primera ministra tiene como prioridad crear una sociedad que, usando sus palabras, "funcione para todos", pero, al mismo tiempo, se aferra a una austeridad presupuestaria que reduce los subsidios sociales.

Ante ella, el líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, promete acabar con los recortes y concentrarse en reducir la distancia entre pobres y ricos.

El desempleo es del 4,6%, su nivel más bajo en 40 años, y los ingresos medios de los hogares fueron de 26.300 libras (30.400 euros o 33.700 dólares) en el año que acabó en marzo de 2016.

Estos ingresos están ahora por encima del nivel de 2007-2008, antes del estallido de la crisis, pero ocultan varias realidades: que las pensiones de los jubilados, ni siquiera las de los más ricos, no sufrieron ninguna pérdida, pero sí lo hicieron los salarios de los trabajadores, que no recuperaron su nivel de vida de hace diez años.

El centro de investigación The Resolution Foundation estima incluso que la caída del nivel de vida de los más pobres podría devolver la desigualdad al nivel de la época de Margaret Thatcher, es decir, de hace 30 años.

Tomadas en conjunto, las 1.000 personas más acaudaladas del país serán en 2017 más ricas que el 40% de los hogares menos prósperos, según la fundación Equality Trust.

- Economía de pequeños trabajos -

"Es una economía que funciona para unos pocos, no para la mayoría", advirtió en mayo la directora de Equality Trust, Wanda Wyporska.

"Un número récord de gente recurrió a los bancos de alimentos el año pasado, a millones de personas les falta una vivienda decente y dos tercios de los niños pobres viven en una familia con empleo", añadió.

La proporción de pobres era del 6,5% de la población, es decir, 3,9 millones de personas, según cifras de 2014 de la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS), las últimas disponibles.

Para sobrevivir, muchos británicos, en particular los más jóvenes, se ven obligados a pluriemplearse con trabajos mal pagados y, a menudo, poco cualificados. Es lo que se llama 'la economía gig' ('gig', en argot, es un pequeño trabajo).

Varios millones de personas viven de esta economía de los 'trabajitos'. Al mismo tiempo, el número de contratos de 'cero horas' está en su nivel más alto, 900.000.

Estos contratos no garantizan un mínimo de horas de trabajo y, por lo tanto, de remuneración fija, porque se cobra por hora trabajada.

Como consecuencia, el sindicato TUC calculó en un estudio que los salarios reales han caído sistemáticamente en los últimos siete años, algo que no se producía desde 1860.

Según la secretaria general de TUC, Frances O’Grady, "los trabajadores británicos han sufrido el periodo más largo de caída de los salarios desde la era victoriana".

El aumento de la inflación -provocado por el encarecimiento de las importaciones tras el descenso de la libra por el Brexit- amenaza con empeorar las cosas.

Para John Hills, sociólogo de la London School of Economics, un Brexit "duro", en el que Londres y Bruselas cortaran amarras sin ningún acuerdo comercial, acabaría trayendo más desigualdad por "la caída de la producción, la imposición de más austeridad y la pérdida de empleos".

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