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Unos jóvenes migrantes caminan por una carretera de Ventimiglia, al norte de Italia, cerca de la frontera con Francia, el pasado 8 de agosto

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Los solicitantes de asilo que lleguen a las costas de Italia y Grecia a partir del miércoles ya no podrán optar al sistema de traslado a otros países de la UE, un mecanismo basado en cuotas que llega a su fin tras dos años de complicada aplicación.

Ante la llegada de decenas de miles de migrantes a Grecia e Italia, los países del bloque adoptaron en septiembre de 2015, en el momento álgido de la crisis migratoria, un programa temporal de reubicaciones de refugiados que debía encarnar la solidaridad europea.

En sus dos años de duración, unas 29.000 personas se han trasladado desde ambos países mediterráneos, lejos del objetivo inicial de 160.000 traslados y de los alrededor de 1,5 millones de migrantes que alcanzaron las costas europeas desde 2015 huyendo de la guerra o de la miseria.

A pesar de que esta cifra alcanzaría actualmente el 18% del objetivo inicial, la Comisión Europea rechaza hablar de fracaso. "Desde nuestro punto de vista, el programa de reubicaciones ha sido un éxito", estimó el lunes una portavoz.

- Menos de lo previsto -

El ejecutivo comunitario defiende que las "reubicaciones" no han terminado todavía. De hecho, "unos 10.000 solicitantes de asilo" que llegaron a territorio griego e italianos antes de la fecha límite del 26 de septiembre deben ser todavía reubicados en otros países.

"La obligación de reubicar no termina tras esta fecha", indicó a principios de septiembre el comisario europeo de Migración, Dimitris Avramopoulos, quien además defendió que "el número de personas reubicables resultó ser mucho menor" de lo previsto.

Frente a las críticas de una insuficiente acogida, el responsable europeo explica que la situación en el terreno cambió tras el pacto alcanzado en marzo de 2016 con Turquía, que redujo de manera drástica la llegada de migrantes a las costas griegas.

Un tercio de los 160.000 traslados previstos inicialmente se asignaron además a un nuevo programa de acogida, en concreto, de sirios presentes en suelo turco.

- Autoreubicación -

Sobre los migrantes llegados a Italia, la Comisión estima que estos no cumplen en su mayoría los requisitos necesarios para optar al programa de traslado, ya que está reservado a los solicitantes de asilo con altas posibilidades de obtener protección como sirios y eritreos.

"La justificación [de un menor número de candidatos] se sostiene", estima Yves Pascouau, investigador de la universidad francesa de Nantes (oeste), pero recuerda el contexto de 2015, cuando frente a las dificultades para seleccionar a los migrantes en Grecia, muchos decidieron continuar su camino hacia el norte.

"Ellos mismos se reubicaron de alguna manera", explica este experto en cuestiones migratorias, para quien "desde ese punto de vista, no se puede hablar de éxito".

- Tensiones en la UE -

El viaje hacia Europa central de los migrantes, entre ellos algunos cumpliendo incluso los criterios para su traslado, agudizó la tensión generada en el bloque con países de la ex órbita soviética. Hungría llegó a construir una valla en su frontera para impedir la entrada de migrantes.

La Comisión abrió en junio procedimientos de infracción contra tres de estos países -Hungría, Polonia y República Checa- por su reticencia a cumplir con su cuota de acogida de migrantes, por lo que se enfrentan a eventuales sanciones económicas a largo plazo.

"No queremos convertirnos en países de inmigración, no queremos tener una población mixta", donde "el elemento cristiano pierda su papel", reiteró en los últimos días el primer ministro húngaro Viktor Orban.

Para Pascouau, la respuesta europea a la crisis migratoria "dejará huellas importantes" en el bloque, que enfrenta además su mayor crisis política con la futura marcha de Reino Unido. Sin embargo, el experto se niega a hablar de "un completo fracaso" respecto al plan de traslados.

- Hacia un nuevo sistema -

A pesar de las dificultades de los centros de selección de migrantes, el plan permitió desplegar sobre el terreno "un sistema operativo que logró una coordinación entre las autoridades de los Estados miembros y las agencias europeas", explica el investigador, para quien esta experiencia "puede ser útil más adelante".

Los europeos se encuentran sumidos de hecho en pleno debate sobre su política migratoria, conocida como el reglamento de Dublín, y que actualmente establece que el primer país al que lleguen los migrantes debe hacerse cargo de su asilo.

Para hacer frente a la reciente crisis migratoria, la UE decidió aprobar una excepción a esta norma con el plan de reubicaciones, que podría situarse a la base en la futuro reglamento de un "mecanismo corrector" en caso de una nueva situación excepcional.

En ese caso, una solución podría ser establecer una obligación de "solidaridad" con los países más afectados, pero países como Hungría y Polonia ya advirtieron que esa "solidaridad" no debe ser una imposición de acogida de solicitantes de asilo.

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