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Selahattin Demirtas, líder del partido pro-kurdo Partido Democrático de los Pueblos, durante un discurso el 21 de octubre de 2015 en Estambul

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El sudeste de Turquía, de mayoría kurda, está sumido de nuevo en un estado de guerra latente a pocos días de las legislativas del 1 de noviembre, con ciudades bajo toque de queda, barricadas y la policía omnipresente.

En los confines de Siria y de Irak, la ciudad de Cizre se ha convertido en un símbolo del resurgimiento del conflicto kurdo. El mes pasado, las fuerzas de seguridad turcas se enfrentaron a la pequeña guardia del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) durante ocho días, en medio de 120.000 habitantes desesperados y sometidos a un bloqueo.

Los combates fueron sangrientos. El gobierno afirma haber eliminado a "terroristas", pero según las ONG de defensa de derechos humanos, 21 civiles murieron y la población de la ciudad quedó traumatizada.

Entre estas víctimas figura la familia Edin. La nuera, Zeynep Taskin, de 18 años, murió por disparos de un francotirador emboscado delante de la puerta de su casa con su bebé de 9 meses en brazos. Instantes después, su suegra Masala murió a manos de la misma persona cuando salió a socorrerla. "Esta es la única arma que su madre llevaba", afirma indignado Ahmet, mientras muestra a su sobrino. "Disparaban de todas partes (...) sin distinción", comenta un camionero delante de su fachada, acribillada a balazos. "No he visto a la persona que disparaba, pero se sabe que las fuerzas del Estado controlaban el barrio. Los que disparaban eran los del Estado -añade- (...), ellos son los terroristas".

Los jóvenes que se alzaron en armas para abrir fuego contra las unidades especiales de la policía antidisturbios turca, en las calles de Cizre, asienten. Para ellos el Gobierno es el único responsable.

"No hicimos más que defendernos", asegura Siphan a todo aquel que quiera escucharlo. Con el rostro enmascarado, una camiseta de camuflaje y pantalón militar este grandullón de 28 años presume de su pertenencia al Movimiento de la Juventud Patriótica Revolucionariade (YDG-H), una "filial" urbana del PKK.

- Presiones -

En cuanto se levanta el toque de queda, su grupo, que afirma contar con un centenar de jóvenes, vuelve a levantar barricadas y trincheras a la entrada del barrio de Nur, con la firme intención de seguir prohibiendo la entrada a las fuerzas de seguridad. "A la más mínima ocasión nos detienen, registran nuestras casas, no quiero más esta crueldad. Estamos dispuestos a hacer lo que haga falta para impedirlo", suelta Siphan. "Sólo queremos que la república turca respete nuestros derechos de ciudadanos y reconozca que somos kurdos", afirma.

El Gobierno barrió de un plumazo estas reivindicaciones y justificó el recurso a la fuerza por la necesidad de reprimir un intento de "revuelta" en Cizre, como en otras ciudades del sudeste de Turquía de mayoría kurda. "Estamos confrontados a una operación que tiene como objetivo extender la guerra emprendida por los grupos armados (kurdos) desde las zonas rurales a las ciudades", estimó el primer ministro turco, el islamista conservador Ahmet Davutoglu.

"Claro que ningún Estado puede aceptar que barrios enteros de varias ciudades escapen a su autoridad", abunda Vahap Coskun, profesor de Derecho de la universidad Dicle de Diyarbakir, "pero las medidas tomadas por el Estado para reaccionar a las manifestaciones y provocaciones del PKK son ampliamente contrarias a los derechos humanos".

En vísperas de las elecciones, los dos bandos se acusan mutuamente de recurrir a las armas como modo de presión sobre los votantes.

"Los que acudan a los colegios electorales para ejercer presión diciendo 'vota por tal o cual partido' serán llevados ante la justicia", advirtió el martes el jefe del gobierno.

El Partido Democrático de los Pueblos (HDP, prokurdo) también denuncia segundas intenciones electorales del gobierno. "Su objetivo es que el HDP deje de estar representado en el parlamento", acusa la diputada Caglar Demiralp.

El presidente del colegio de abogados está convencido de ello. "Intentan asustar a la gente para que no vote. Incluso podrían anular las elecciones aquí con falsas excusas de seguridad", asegura Nusirevan Elçi. "Matar es fácil, hacer la paz es mucho más difícil".

AFP