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Ayamar Bagon (C), una joven musulmana presuntamente violada por militares, el 15 de julio de 2017 en la aldea de Kyar Gaung Taung, en el oeste de Birmania

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Para alimentar a su bebé Ayamar Bagon, una musulmana rohinyá de Birmania tiene que mendigar. Su marido los abandonó al enterarse de que cuatro soldados birmanos la violaron cuando estaba embarazada.

Esta joven forma parte de las decenas de mujeres que afirman haber sido agredidas sexualmente por las fuerzas de seguridad birmanas durante una operación militar lanzada en octubre en el oeste del país, en represalia por ataques a los puestos fronterizos.

Esta intervención, tachada de "política de terror" por la ONU, motivó la huida de decenas de miles de rohinyás al vecino Bangladés.

Por primera vez desde la operación, la prensa internacional ha podido acceder a esta región recóndita del norte del estado de Rajin durante un viaje organizado por el Gobierno.

"Me violaron en el noveno mes de embarazo. Bien veían que estaba embarazada, pero les dio igual", cuenta Ayamar Bagon mientras mece a su hija en la aldea de Kyar Gaung Taung.

"Mi marido me reprochó que no lo hubiera impedido. Por eso se casó con otra mujer y ahora vive en otro pueblo", añade.

Hasinnar Baygon, de 20 años, madre de dos hijos, también sufrió el rechazo de su marido tras ser violada por tres soldados en diciembre. La llevaron a una cabaña y la violaron uno tras otro. Estaban uniformados y armados, así que se veía claramente que eran soldados, afirma.

Todos los hombres habían huido por miedo a represalias, dejando a mujeres, niños y ancianos en la aldea. "Según mi marido, soy culpable por no haber huido", dice, desesperada.

La ONU estima que cientos de personas murieron en unos meses en lo que podría ser el episodio más sangriento de la larga persecución de los musulmanes rohinyás en el país.

Birmania considera a los rohinyás como extranjeros y apátridas, pese a que algunos de ellos viven allí desde hace generaciones.

- Violación como arma de guerra -

Además de las violaciones, los supervivientes que huyeron a Bangladés denuncian torturas, asesinatos y el incendio de sus pueblos.

El Ejército y el Gobierno birmano, dirigido por la exdisidente y premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, rechazan estas acusaciones, pero el país se opuso al envío de una misión de investigación de la ONU al lugar.

"Se han abierto investigaciones sobre las acusaciones de asesinato. También las de violación", afirma San Lwin, jefe de los guardias fronterizos del cantón de Maungdaw.

Los rohinyás de Kyar Gaung Taung afirman haber presentado demandas por tres casos de violación de los 15 de los que tienen conocimiento, pero según ellos no se hizo nada.

Para evitar el rechazo, "algunas mujeres no quieren querellarse", asegura un vecino que pide el anonimato.

Las ONG de defensa de los derechos humanos denuncian desde hace años el uso por el Ejército birmano de la violación como arma de guerra.

En 2012, corrió el rumor de que unos musulmanes violaron a mujeres budistas, lo que desató disturbios sangrientos que forzaron la huida de más de 120.000 rohinyás. Desde entonces, viven en campos de desplazados provisionales.

Las rohinyás víctimas de abusos dan por sentado que no se hará justicia. Ayamar Bagon se resigna: "Ni siquiera sé quiénes son. ¿Cómo los denuncio?".

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AFP