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Las llamas del incendio Bluecut consumen la zona de Wrightwood, en California, el 17 de agosto de 2016

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La tierra se ha teñido de negro, los árboles siguen echando humo y los esqueletos de los coches apenas se tienen de pie. El incendio Bluecut ha calcinado a toda velocidad una zona montañosa al este de Los Ángeles, sumiendo este miércoles en la desolación a miles de personas.

En apenas 24 horas, más de 82.600 vecinos han tenido que abandonar sus casas, amenazadas de ser engullidas por las feroces llamas.

La pequeña ciudad de Phelan está envuelta de piras que expulsan espesas colinas de humo oscuro, que dan al cielo un aspecto apocalíptico.

"El incendio sigue extendiéndose y el viento se está haciendo fuerte", cuenta a la AFP la portavoz del Servicio Forestal estadounidense (USFS, en inglés), Chon Bribiescas.

El fuego ha encontrado los mejores aliados para crecer vorazmente: terrenos áridos como consecuencia de una sequía histórica de cinco años, una insoportable ola de calor y los vientos de Santa Ana --típicos del verano boreal--, que insuflan un tórrido aire en todo el sur de California.

Es un cóctel explosivo, literalmente, tal y como señala Bribiescas. "La vegetación ha estallado", dice.

"En lugar de quemar 40 hectáreas por hora, las consume en solo unos minutos", agrega la portavoz. De momento, el Bluecut se ha comido 12.000 hectáreas.

- Una vida, lo más preciado -

"Se mueve muy deprisa a lo largo de la autopista 138", dice Mike Anderson, uno de los más de 1.300 bomberos que luchan con todos los medios para contener las llamas.

Mike ha llegado desde Redding, una de las tantas poblaciones cercanas que han enviado efectivos para apoyar las tareas de extinción.

"Hemos evacuado a toda la comunidad", afirma. Su imponente camión se ha convertido en la perfecta barrera para impedir el acceso al pueblo.

Las autoridades lamentan sin embargo que muchos vecinos se han negado a dejar sus casas.

A pesar de que el gobernador Jerry Brown declaró el estado de emergencia y que las órdenes de evacuación son obligatorias, en California no se puede forzar a una persona a dejar su domicilio.

Muchos bomberos deben dedicarse, por tanto, a convencerles.

"Intentamos decirle a la gente que no hay nada que tenga tanto valor en sus casas como sus vidas", insiste Bribiescas.

En plena temporada de incendios en el país, California se enfrenta a un total de seis gigantescos fuegos, de acuerdo al sitio oficial Inciweb.

El Bluecut no ha provocado de momento víctimas mortales, pero hirió a dos bomberos que necesitaron atención médica antes de volver a las tareas de extinción.

- Adrenalina -

Las autoridades no han podido evaluar todavía los daños materiales, aunque se calcula que 34.500 estructuras pueden ser engullidas. Algunas, rodeadas de bolas de fuego, aguantan en pie estoicamente.

La humareda, de su lado, ha provocado una nube de polución que ha agravado la calidad del aire, ya afectado por un aumento del nivel de ozono.

En una gasolinera de Pinon Hills, a unos 15 kilómetros del foco principal, los vecinos se cuentan los unos a los otros sus peripecias para escapar de las llamas.

Muchos, como Gail Nieto, se han refugiado en casa de amigos.

"Oí por la televisión la orden de evacuación y sentí cómo me invadía la adrenalina. Todavía la siento en el cuerpo", dice a la AFP esta mujer de 65 años, a quien todavía le tiemblan las manos.

Jeannine Yglesia, en cambio, ya sabe lo que es abandonar su casa. El martes lo hizo por cuarta vez en treinta años.

"Tengo acogidas 17 o 18 personas en mi casa, son amigos y sus familias que han tenido que dejar sus viviendas", explica a la AFP.

"No pueden regresar y no saben nada de su casa", cuenta, antes de responder al teléfono.

"¡Me tengo que ir! Mi hija me acaba de decir que también nos evacuan", dice con prisas.

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AFP