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Billetes de 100 yuanes, en Pekín, el 9 de agosto de 2016

(afp_tickers)

Un año después de la sorpresiva devaluación del yuan que sacudió a los mercados, la moneda china sigue perdiendo valor, pero sin generar preocupación ni atraer a los especuladores.

El verano pasado, la repentina devaluación por el Banco de Pueblo Chino (PBOC, banco central) de cerca de un 5% en una semana de la tasa de referencia del yuan sacudió los mercados financieros.

China permite un margen de fluctuación diaria de su divisa de un máximo de 2%, una manera de mantener el control de su moneda.

La decisión reavivó rápidamente la incertidumbre sobre la situación económica del gigante asiático y atizó el fantasma de una "guerra de divisas" a golpe de devaluaciones competitivas.

Pekín se defendió de haber querido impulsar sus exportaciones, alegando, sin convencer, que se trataba de una nueva forma de cálculo a partir de los movimientos del mercado de cambios.

Desde entonces, la divisa china no ha cesado de retroceder, hasta cerrar la sesión el miércoles a 6,6430 yuanes por un dólar, cerca de su nivel más bajo desde hace seis años.

"Desde hace varios meses, la norma es ahora una depreciación gradual del yuan que no sacuda los mercados de cambios y que no afecte la moral de los inversores", observa Wei Yao, analista del banco francés Société Générale.

- Intervenciones masivas -

Después de la devaluación del verano de 2015, la presión sobre el yuan se incrementó debido a "la desconfianza de los mercados respecto al PBOC y a sus intenciones", añaden los expertos del gabinete Capital Economics.

"Un año después, los inversores parecen un poco más relajados en relación a las fluctuaciones del renminbi", el otro nombre del yuan, destacan.

El banco central intenta desde entonces mejorar su comunicación, enviando breves comunicados. Su discreto gobernador, Zhou Xiaochuan, sacó la cara en febrero y aseguró que no existía "ningún fundamento para una depreciación persistente".

Al mismo tiempo, el PBOC intervino de forma masiva en los mercados para frenar la caída del yuan y limitar las grandes fugas de capitales fuera en China. El año pasado, el flujo de capitales que salió del país alcanzó el billón de dólares, según Bloomberg, impulsado por el temor de los inversores ante la posible caída del valor de sus activos.

Desde hace un año, la institución utiliza sus abundantes reservas de cambio para adquirir yuanes por un valor 440.000 millones de dólares, con el objetivo de apuntalar el valor de su divisa. Pekín también reforzó las restricciones para evitar la salida de capitales.

Es una manera de frenar a los especuladores que apostaban por la caída incesante del yuan. "Las posiciones especulativas están ahora limitadas", afirma Wei Yao, añadiendo que "los controles de los capitales parecen haber funcionado".

La hemorragia parece haberse reducido. Aunque los bancos chinos vendieron más divisas extranjeras que las que recibieron en el segundo trimestre, la diferencia se redujo a la mitad respecto al primer trimestre.

- Dilema -

El PBOC se encuentra sin embargo ante un dilema.

Por una parte, se jacta de sus progresos hacia la libre convertibilidad del yuan y de tener en cuenta las fluctuaciones del mercado, una medida que condicionaba la entrada del yuan entre las divisas de referencia del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero, por otro lado, al querer reforzar el uso internacional del renminbi (nombre corriente del yuan), Pekín promete un yuan "estable" frente a las principales divisas.

Así, el PBOC ajusta a su manera el tipo de cambio central, "ejerciendo de forma puntual su voluntad de guiar el mercado" y de orientar al yuan, según ANZ Bank.

En realidad, el debilitamiento del yuan solo beneficia de manera marginal a los exportadores chinos. Prueba de ello es que las exportaciones del país se hundieron estos últimos meses.

El yuan, de hecho, se ve lastrado por las "incertidumbres" de la economía internacional, más que por una estrategia deliberada del banco central, afirma Liao Qun, economista de Citic Bank International.

Entre los elementos causantes de mayor volatilidad, Liao cita el alza de las tasas en Estados Unidos (que refuerza la atracción del dólar) y el nerviosismo creado por el Brexit (que incita a buscar valores refugio).

Como resultado de todo ello, la moneda china debería seguir depreciándose, considera. "Pero hasta cuándo?", se pregunta. "Eso dependerá del momento en que el euro y la libra esterlina repunten", afirma.

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AFP