Namibia votará el miércoles en elecciones generales en las que parte como favorito el partido que gobierna desde la independencia en 1990, pese a la grave recesión económica y al creciente descontento de la población.

Ni la crisis ni la usura del poder parecen hacer tambalear al régimen surgido de la guerra de "liberación" en este país, un gigantesco paraíso desértico para los turistas amantes de la vida silvestre.

"No hay una alternativa creíble a Swapo (Organización del Pueblo de África del Sudoeste)", afirma el analista Henning Melber. "Con una oposición tan débil no tiene nada que temer", asegura.

Y eso que el balance de Swapo y del presidente Hage Geingob, de 78 años, candidato a un segundo mandato, no es brillante.

A pesar de un subsuelo con enormes recursos naturales, como uranio, un fondo marino rico en peces y diamantes, y el auge del turismo, Namibia está sumida desde 2016 en una grave crisis económica. Debido a la caída de los precios de las materias primas y a la persistente sequía, la mayoría de sus indicadores están en rojo.

Un tercio (34%) de la población está desempleada, especialmente los jóvenes (43%), y su Producto Interno Bruto (PIB) disminuyó en 2017, 2018 y en la primera mitad del año.

Nada que vaya a frenar, según parece, a Hage Geingob, quien se ha presentado como el único capaz de invertir la situación.

"Voten por mí, para que pueda continuar en el mismo camino", dijo el sábado, en el cierre de la campaña en un estadio de la capital, Windhoek, ante más de 2.000 seguidores que coreaban canciones de la guerra de independencia.

"Estamos en la segunda fase de nuestra lucha, la de la emancipación económica y de la satisfacción de las necesidades esenciales", prometió.

- "En la ruina" -

La oposición se ve desvalida frente a la máquina electoral perfectamente engrasada del Swapo.

McHenry Venaani, de 42 años, y su Movimiento Democrático Popular (PDM) ya compitió con él en 2014 pero su pasada proximidad al apartheid sudafricano juega en su contra ya que desanima a una buena parte del electorado.

La primera mujer en postularse, Esther Muijangue, de 57 años, ha denunciado la corrupción y el clientelismo del régimen. A principios de este mes, Wikileaks obligó a dos ministros a dimitir al revelar que habían recibido sobornos de una compañía pesquera islandesa.

Pero Muijangue aspira como mucho a obtener dos de los 96 escaños del Parlamento.

La única amenaza real parece provenir de un antiguo dentista y abogado de 62 años, Panduleni Itula. Aunque miembro de Swapo, se presenta como candidato independiente. "El pueblo namibio vive en la ruina", lamentó la semana pasada.

Aunque atraiga al electorado del partido en el poder, según los expertos, como mucho hará retroceder un poco el resultado de 87% registrado hace cinco años por Geingob.

Es más probable que la desilusión con el gobierno saliente se refleje en la tasa de participación de los 1,4 millones de votantes inscritos.

Porque en todo el país, la frustración va en aumento. Casi tres décadas después de la independencia, Namibia sigue siendo segundo en el ranking de los países más desiguales del planeta, según el Banco Mundial.

"La economía va tan mal que la gente no tiene trabajo", se queja Ndeshihafea Nghipandulwa, de 18 años, que vende gafas en una calle de la capital. "Queremos a un nuevo presidente para que haya cambio".

El descontento se percibe incluso en las filas del partido en el poder.

"Luché por el país, pero hoy estoy muy decepcionado", comentó Naftali Ngiyalwa, un excombatiente de Swapo de 77 años. "No hemos luchado para ser ricos", agregó, "sino simplemente para salir adelante".

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