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Pablo Iglesias y su madre, María Luisa Turrión, introducen las papeletas de votación en los sobres, este domingo 20 de diciembre en un colegio electoral del barrio de Vallecas, en Madrid

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"Queremos que se acabe la corrupción y que nadie tenga mayoría absoluta para hacer lo que quiera", dice Carmen Varela, una entre los millones de españoles que confiarán este domingo en los dos nuevos partidos para cambiar el Parlamento.

Vive en La Coruña, en Galicia, la tierra del presidente del Gobierno y candidato del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy. Pero su voto en estas elecciones generales no irá para él, ni tampoco para la otra gran formación tradicional, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

"Han tenido años para dar pruebas de lo que sabían hacer y no han demostrado nada", asegura esta profesora de 57 años de un instituto público, uno de los sectores más afectados por los recortes presupuestarios aplicados por el Gobierno de Rajoy.

Esta draconiana austeridad, sumados al galopante desempleo, la caída de los salarios y una retahíla de escándalos de corrupción, ayudaron a la irrupción de dos nuevos partidos, el izquierdista Podemos y el de centro-derecha Ciudadanos, que quieren quebrar la alternancia de poder existente desde 1982 entre el PP y el PSOE.

Los vientos de cambio parecen soplar en todo el país. Desde la costa atlántica hasta el litoral mediterráneo, cerca de Barcelona: "¡Que cambie el gobierno, que cambie!", reclama José Zapata, un pensionista de 70 años con gafas y americana en L'Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad más poblada de Cataluña, feudo obrero y progresista justo al lado de Barcelona.

"Llevamos muchos años de bipartidismo y hay que renovar la política", coincide Francisco Pérez, de 53 años, con los ojos claros y una barba espesa y grisácea, como su pelo.

"Han sido cuatro años de mucha tristeza. Tenemos un buen país que no se merece a estos políticos ni tanta corrupción", lamenta Pérez, que desde el estallido de la crisis dice trabajar muchas más horas por mucho menos dinero.

Las paredes del colegio público donde vota, decoradas con dibujos y trabajos de sus alumnos, parecen pintadas para la ocasión: naranja y morado, los colores propios de Ciudadanos y Podemos.

Los sondeos auguran que ambos entrarán con fuerza en el nuevo Congreso de los Diputados. La victoria parece ser para el Partido Popular, pero sin mayoría parlamentaria, lo que permitirá a los partidos emergentes condicionar la acción del próximo gobierno.

"Espero que los nuevos partidos hagan presión, que se opongan al PP y le saquen los trapos sucios, la corrupción...", explica en L'Hospitalet Jonathan Pozo, un ingeniero de 27 años que busca su primer trabajo.

En Valencia, uno de los principales focos de escándalos de corrupción en el país, Inés Cebolla, una sonriente pensionista de 84 años, vive el día con ilusión: "Es algo muy bonito, a ver si mejoran las cosas", asegura esta mujer, antigua votante del PSOE que esta vez apostará por Podemos.

- ¿Cambio o retroceso? -

Pero este cambio no ilusiona a todos. En el barrio más aristocrático de Madrid, a pocos metros del prestigioso Museo del Prado, mucha gente sigue fiel a Rajoy, bajo cuya gestión la economía del país volvió a crecer tras cinco años de crisis.

"Es muy importante esta elección. Llevamos cuatro años sufriendo como para que ahora se tire todo a la basura", dice María José Piñeyro, de 52 años, directora general de una revista de moda. "Con Podemos entraríamos en el chavismo", asegura.

"Existe peligro: el comunismo", coincide Cristina Gómez Zubeldia, anticuaria de 57 años, temerosa de un pacto de gobierno entre Podemos, Ciudadanos y PSOE aunque el PP gane las elecciones. "Retrocederíamos muchos años y perderíamos credibilidad en Europa".

"Este es un barrio de clase alta", reflexiona Antonio Velasco, un conserje de 28 años de la misma zona. En los últimos años "se ha distanciado la clase alta de la clase baja y la media se ha eliminado", lamenta, antes de dar su voto a Ciudadanos.

AFP