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Una modelo presenta un vestido tradicional birmano modernizado el 30 de junio de 2017 en un desfile de moda en el Teatro Nacional, en Rangún

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En Birmania, donde proliferan las fábricas de camisetas estandarizadas para marcas internacionales, los diseñadores de moda locales renuevan la moda tradicional, popularizada en el extranjero por la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi.

En su pequeña tienda en el centro de Rangún, la capital económica birmana, Pyone Thet Thet Kyaw trabaja en sus propios diseños para mujeres, de corte definitivamente moderno pero con motivos tradicionales.

Birmania es una excepción en el sudeste asiático, donde llevar vestimenta tradicional es habitual, en especial el "lungui" o "sarong" (falda de hombre o mujer), incluso para los jóvenes citadinos de Rangún.

"Los birmanos estamos muy apegados a nuestras prendas étnicas tradicionales", explica con dificultad, bajo el ruido de las máquinas de coser de las trabajadoras de su taller.

"Pero cuando se moderniza la vestimenta tradicional y sus motivos, hay que evitar que se convierta en algo demasiado llamativo o moderno", añade la joven, que vende sus diseños especialmente a occidentales de paso por Rangún.

El "lungui" se perpetúa en gran medida debido al aislamiento que el país sufrió durante décadas, causado por una junta militar algo paranoica que desconfiaba de la intrusión de Occidente y sus símbolos, como los pantalones tejanos.

Otra diseñadora birmana, Ma Pont, recuerda la época de la junta militar, en la cual creaba prendas para actrices de series de televisión, controladas por los militares. Prohibido mostrar los hombros. "No éramos realmente libres", dice.

- Aung San Suu Kyi -

Incluso hoy, que el país está abierto al resto del mundo desde 2011 y dirigido por un Gobierno civil liderado por Aung San Suu Kyi, sigue estando mal visto mostrar los hombros y las rodillas, en televisión y en la calle.

Aung San Suu Kyi, quien se muestra siempre vestida con un "lungui" y un "anyi" -la camisa ajustada que acompaña la falda-, ayudó a popularizar la vestimenta.

Durante sus años como disidente ya era un icono de la moda para sus compatriotas, quienes pedían en secreto a los sastres que imitasen sus faldas.

Cuando fue liberada, en 2010, tras 15 años de arresto domiciliario, su conjunto impactó: el "lungui" púrpura hizo furor ese año, según los medios locales.

Aún hoy las faldas tradicionales dominan en los nuevos centros comerciales, en donde las marcas de indumentaria occidentales también están presentes a pesar de que su producción esté principalmente destinada a la exportación.

- "Falta de ética" -

Pyone Thet Thet Kyaw vivió el interior de este sector de la industria textil de masas, antes de abrir su propia tienda de vestidos tradicionales: trabajó en un gran taller de confección cuando era adolescente.

"Me permitió ver ciertas cosas, como el hecho de tener sólo diez minutos para comer o no poder ir al baño, para no interrumpir la línea de producción", confiesa.

A los 30 años, sostiene que esta experiencia le motivó para darle mejores condiciones de trabajo a su decena de costureras.

"Si continuamos con la confección rápida y falta de ética, seremos nosotros quienes suframos", lamenta la excosturera, evocando las condiciones de los trabajadores textiles en el país.

Los gigantes de la industria textil mundial, como H&M o C&A, producen cada vez más en Birmania, atraídos por una mano de obra aún más barata que en Vietnam.

Las exportaciones del sector textil birmano se duplicaron en 2016, al alcanzar aproximadamente 1.500 millones de euros, cifra de la que se espera un aumento después de que EEUU levantara las sanciones contra el país en octubre de 2016.

Pero la ausencia de líneas rojas legislativas genera reivindicaciones por parte de ONG internacionales como SOMO, que piden al Gobierno birmano una "acción urgente" para proteger a los obreros.

AFP