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En Charlottesville, la lucha contra el racismo continúa tras condena a joven neonazi

Memorial por Heather Heyer en Charlottesville, Virginia, al cumplirse un año de su muerte en el atropello masivo ejecutado por un supremacista blanco

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Cuando el jurado anunció el viernes que había encontrado culpable de asesinato al joven neonazi que arrolló con su auto a manifestantes contrarios a un mitin de supremacistas blancos el año pasado en Charlottesville, Estados Unidos, "Al" Bowie lloró de alegría.

"Es lo mejor que he sentido en un año y medio", dijo Bowie, de 28 años, cuya pelvis quedó destruida en seis pedazos cuando James Alex Fields Jr estrelló su Dodge Challenger contra la multitud que protestaba ante el mitin "Unir a la derecha", el 12 de agosto de 2017, en Virginia.

Pese a su alivio, cree que la condena contra el hombre de 21 años es solo un "paso de bebé" en la larga lucha contra la intolerancia, que ha crecido bajo la presidencia de Donald Trump.

Fields fue encontrado culpable del asesinato en primer grado de Heather Heyer, una contramanifestante de 32 años, y también de cinco delitos de lesiones intencionales agravadas, tres de lesiones intencionales, y otro por darse a la fuga.

"Esto fue supremacía blanca en una de sus peores manifestaciones", dijo Bowie a AFP. "Necesitamos atender incluso las formas más inocuas que vemos en nuestras vidas diarias".

Bowie corrió a ayudar a las personas atropelladas por Fields, una decisión que se volvió en su contra cuando el vehículo retrocedió.

Sus palabras se hacen eco de las de otros activistas en esta ciudad, que consideran que ese ataque fue solo un síntoma del racismo que corroe la historia local.

La manifestación fue organizada por el líder nacionalista blanco Richard Spencer para protestar por la remoción de una estatua de Robert E. Lee, el principal general confederado -favorable a la esclavitud- durante la Guerra Civil de Estados Unidos (1861-1865).

Manifestantes contra el racismo se reunieron para contraponerse al mitin nacionalista, lo que llevó a confrontaciones que terminaron en el arrollamiento.

La ciudad había decidido por votación remover la estatua, pero su destino quedó en manos de una corte, luego de que se presentaran demandas en contra.

- Legado de esclavitud -

Charlottesville, unos 160 kilómetros al suroeste de Washington, fue hogar de dos presidentes, incluido Thomas Jefferson, principal autor de la declaración de independencia.

Sede de la prestigiosa Universidad de Virginia, tiene una reputación de enclave rico y liberal, conocido por su arquitectura histórica y sus boutiques.

Pero esa fachada esconde asuntos raciales que Charlottesville todavía enfrenta, más de 150 años después del final de la Guerra Civil y unos 60 años después del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos.

"Charlottesville surgió esencialmente de varias plantaciones de gran tamaño" que empleaban esclavos negros, explicó Andrea Douglas, directora del Centro de herencia afroamericana de la Jefferson School.

Entre esas estaba la de Monticello, propiedad del propio Jefferson, a su vez dueño de esclavos.

Pero la población negra de Charlottesville -que ha caído a 19% de sus 46.000 habitantes- fue excluida del progreso de la ciudad mediante políticas discriminatorias de educación, vivienda y empleo, aseguró Douglas. Incluida la demolición en los años 1960 de un histórico vecindario negro.

Para Tanesha Hudson, de 39 años, las estatuas confederadas en su ciudad son recordatorio de ese legado racista: "Es un irrespeto para cualquier persona de color cuyos ancestros recogieron algodón o fueron esclavos. O fueron colgados, asesinados o violados", dijo.

- Manifestarse -

Lo ocurrido en agosto de 2017 llevó a muchos residentes, entre ellos el trabajador social Matthew Christensen, de 34 años, a movilizarse. Él lanzó el mes pasado una petición en internet para pedir la remoción de otra estatua confederada.

Las protestas de 2017 "fueron un catalizador para mucha gente", explicó la bloguera de 29 años Molly Conger, que comenzó a cubrir temas locales tras el ataque y tuiteó en vivo el juicio a Fields.

Conger ha recibido amenazas por su activismo: en otro juicio, un supremacista blanco gritó la dirección de su casa en las escaleras de la corte e imágenes de ella y sus mascotas decapitadas han sido colgadas en internet.

"Les molesta que las mujeres hablen", aseguró Conger, que no se deja intimidar.

Como Bowie, Jeanne "Star" Peterson, una treinteañera de cabello rosa, sobrevivió al ataque de Fields con graves heridas: su pierna derecha está unida ahora por una placa de metal.

Peterson se quedó en Charlottesville tras enamorarse de la ciudad cuando era estudiante de la Universidad de Virginia, de donde se graduó en 2002.

"James Fields es solo la punta del iceberg", dijo a AFP. "La pelea no acabará en mucho tiempo. Pero esto es definitivamente un paso en la dirección correcta", aseguró.

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