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Po-Ki La, casada con el migrante kurdo iraquí Mustafa Shirmus, pone la mesa para almorzar en la base británica de Dhekelia, en la costa de Chipre, el 25 de noviembre de 2015

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Cuando Taj Bashir divisó el litoral rocoso desde un pesquero decrépito pensó que su peligroso viaje a Europa para huir de Sudán había terminado. Pero 17 años después sigue en la base militar británica de la isla de Chipre.

Su futuro y el de otras decenas de migrantes es incierto. Tienen estatuto de refugiado en la base, pero lo que ellos quieren es instalarse en Reino Unido. "Nos hemos acostumbrado a esperar", comenta resignado Bashir, de 43 años, delante de un bungaló de chapa que le sirve de casa en la base de Dhekelia, en el sur de esta isla mediterránea. "Estamos privados de la mayoría de nuestros derechos porque nos encontramos en una base militar", agrega.

Como otros 74 solicitantes de asilo -esencialmente sirios y kurdos iraquíes-, Bashir se fue de Líbano en 1998 y acabó en Akrotiri, una de las dos bases controladas por Reino Unido en Chipre desde la independencia de la isla. Fueron trasladados a la base de Dhekelia, donde todavía reside casi la mitad de ellos, obtuvieron el estatuto de refugiado y una vivienda prefabricada en una colina que da a un campo de tiro. Debía ser una vivienda temporal, pero nunca salieron de allí.

"Somos como las sobras que se echan a los perros", suspira Mustafa Shirmus, de 41 años, un kurdo sirio apátrida que iba en el mismo barco que Bashir.

Teóricamente podrían pedir asilo en Chipre, pero muchos refugiados estiman que tienen pocas probabilidades de encontrar trabajo.

Muchos están casados o tienen hijos. Viven en los siete km2 de la base.

- "Contribuir a la sociedad" -

Hoy en día, después de 17 años en la incertidumbre jurídica, seis familias piden que se reexamine el caso. "Nuestros clientes quieren poder instalarse y hacer su vida en Reino Unido", explica Tessa Gregory, miembro del gabinete de abogados Leigh Day, encargado de la defensa de estas familias. "Quieren trabajar y contribuir positivamente a la sociedad", manifiesta.

Reino Unido firmó en 2005 un acuerdo con Chipre sobre el estatuto de los refugiados por el cual estos pueden permanecer en territorio británico pero no instalarse en el país. Gregory lo considera contrario a la legislación humanitaria. El gobierno responderá en enero.

En Dhekelia, los refugiados acusan a Reino Unido de recortar progresivamente los servicios para obligarlos a marcharse. Retiraron ayudas médicas y dejaron al abandono un área de juego para los niños. "Los chipriotas dicen que no tenemos nada que ver con ellos y que somos responsabilidad de la base", explica Kovan al Merz, de 20 años y originario de Mosul, en Irak. "La base afirma exactamente lo contrario", señala.

- "Sin futuro" -

Kovan era un niño cuando su familia llegó a Chipre. Terminó la enseñanza secundaria el año pasado y no tiene en qué ocupar el tiempo: "Sabemos que mañana será como hoy", resume.

En el salón de su bungaló, su hermana Imán sueña con ir a la universidad. A sus 14 años, forma parte de los niños nacidos en Dhekelia y es consciente de la dificultad de hacer proyectos. "No me quiero quedar aquí. No tengo nada, ni derechos ni futuro", lamenta.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, unos 990.671 migrantes han llegado a Europa en lo que va de año. Reino Unido afirma tener capacidad para acoger a sólo 20.000 de ellos por cinco años.

En octubre, otros 115 migrantes llegaron a Akrotiri. Varios de ellos protestaron por el trato que se les dispensó. "Da una idea de la dificultad de nuestra situación", estima Bashir. Su hijo de 15 años, Emmanuel, sueña con estudiar en Japón. "¿Por qué no puedo tener una vida normal? ¿Qué hice para merecer que me menosprecien?", se pregunta.

AFP