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Varios soldados gubernamentales y paramilitares de Hachd al Chaabi avanzan en el barrio de Al Wahda, en Tal Afar, el 24 de agosto de 2017, durante una operación para expulsar al grupo EI de esa ciudad del norte de Irak

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Entre los disparos de los francotiradores, el fuego de artillería y el humo de los bombardeos, los hombres de un convoy de blindados se adentran, al ritmo de los cánticos religiosos, en el bastión yihadista de Tal Afar, en el norte de Irak.

En la carretera de tierra, llena de piedras y obstáculos dejados por los combatientes del grupo Estado Islámico (EI), los blindados de la policía iraquí y de las unidades paramilitares del Hachd al Chaabi, un movimiento dominado por los chiitas, avanzan dando tumbos.

El objetivo del día: expulsar a los yihadistas del barrio de Al Wahda para acercarse al centro de Tal Afar, una ciudad en la que vivía una mayoría de turcomanos chiitas hasta la llegada de los yihadistas sunitas del grupo EI.

El asalto se lleva a cabo desde el barrio de Al Kifah al Chamali, en la entrada occidental de Tal Afar, donde policías y milicianos del Hachd al Chaabi se han instalado en una escuela primaria de paredes rosas.

En Tal Afar, los avances son rápidos, mucho más que en Mosul, la segunda ciudad de Irak, donde las fuerzas iraquíes tardaron nueves meses en expulsar a los miembros del grupo EI, asegura el mando de las tropas en el frente.

"La victoria podría llegar en los próximos días", afirma a la AFP Abu Ahmed al Haddi, ayudante de un comandante de regimiento del Hachd. "Quizá antes del Aid al Adha", la gran fiesta musulmana, que comenzará el 2 de septiembre en Irak.

Los combates tienen lugar en zonas residenciales. A orillas de una carretera, aparece una casa totalmente calcinada. La pared exterior de una escuela se ha derrumbado.

Para evitar las trampas y explosivos colocados por los yihadistas en casas vacías y abandonadas, los militares entran con prudencia en esta ciudad fantasma.

- Explosiones incesantes -

"Cuando logramos quitar los obstáculos" dejados por los yihadistas, como camiones aparcados en medio de las carreteras o montones de tierra, "surgen coches bomba", explica Haydar, de 27 años, un miembro de la policía federal.

La voz de este iraquí, que hasta hace poco más de un mes participaba en los combates de Mosul, apenas logra cubrir el ruido de los disparos y las explosiones, que nunca se interrumpe más de unos minutos.

Al igual que las otras ciudades conquistadas por el grupo EI, Tal Afar, ciudad milenaria que formó parte del Imperio asirio, sufrió graves daños. Los yihadistas dañaron su ciudadela de la era otomana al conquistar la localidad en 2014.

Unas 200.000 personas vivían allí hasta entonces, en su mayoría turcomanos chiitas. Ahora cuesta imaginar a tantos habitantes. Muchos huyeron de los yihadistas sunitas del grupo EI, que consideran que los chiitas son herejes.

Las 30.000 personas que permanecen en la ciudad, según la ONU, son invisibles. Utilizadas como escudos humanos por los yihadistas o escondidas en otra parte, no se ve a ninguna al paso de los vehículos militares que lucen banderas iraquíes y del Hachd al Chaabi.

"Los mayores obstáculos son los coches bomba y los infiltrados", esos combatientes yihadistas que, disfrazados de miembros de las fuerzas de seguridad, pasan al otro lado de la línea de frente para provocar el mayor daño posible, indica Abu Ahmed al Haddi.

Las fuerzas iraquíes podrían sufrir pronto un mayor número de ataques de ese tipo, según el capitán Seif Adnan al Salum, uno de los francotiradores de al policía federal. Después de retomar el barrio de Al Wahda, sus colegas y él se dirigirán al de Al Saylo, que describe como "un punto de reunión de gente del EI".

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AFP