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El presidente de China, Xi Jinping, durante una ceremonia de firma el 5 de abril de 2017 en el palacio presidencial de Helsinki

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El impasible Xi Jinping se reúne este jueves por primera vez con Donald Trump, el imprevisible presidente de Estados Unidos que, al menos en apariencia, poco tiene en común con el líder de la China comunista.

El presidente chino, considerado el dirigente más poderoso de su país de los últimos 25 años, proyecta una imagen parecida a su régimen: rígida e inmutable.

Todo lo contrario a la espontaneidad del nuevo inquilino de la Casa Blanca, que se salta a la torera el protocolo cuando recibe a dirigentes extranjeros.

Saltarse los usos y costumbres en la reunión entre los dos dirigentes, que se celebrará en la lujosa mansión del millonario estadounidense de Mar-a-Lago, en Florida, podría exasperar al régimen comunista tras una campaña electoral en la que Trump lanzó dardos contra China.

Xi "no puede permitirse quedar mal en un momento en el que China aspira a convertirse en el centro de gravedad del nuevo orden mundial", considera desde Hong Kong el experto Willy Lam.

Xi Jinping fue ovacionado en enero en el Foro de Davos, templo del liberalismo, tomando la defensa de la mundialización. Parecía un pilar de estabilidad frente a un Estados Unidos más imprevisible que nunca.

En el ámbito interno, Xi Jinping, de 63 años, ha concentrado el poder desde su llegada al frente del país a finales de 2012. Y no puede dar señales de debilidad frente a la superpotencia estadounidense cuando faltan pocos meses para el Congreso del Partido Comunista Chino (PCC), que ratificará un nuevo mandato de cinco años.

Xi Jinping ha convertido la lucha contra la corrupción en la seña de su mandato: desde hace cuatro años, más de un millón de directivos han sido sancionados y otros están entre rejas.

Hay quien sospecha que esta campaña trata de encubrir una purga de la oposición interna. Lo cierto es que Xi Jinping eclipsa a los otros dirigentes en los medios de comunicación, aunque el régimen niega un culto a la personalidad.

Paralelamente, Xi Jinping dio una vuelta de tuerca social amordazando a periodistas y redes sociales y encarcelando a abogados. El Nobel de la Paz Liu Xiaobo lleva ocho años en prisión por haber reclamado reformas políticas.

- Marido de la cantante -

Más allá de estas diferencias de personalidad entre Xi y el millonario, hay un puñado de semejanzas, empezando por el nacionalismo del uno y el otro. Cuando uno habla de "devolver la grandeza a Estados Unidos", el otro invoca el gran renacimiento "de la nación China".

Al igual que Trump, Xi Jinping nació en un entorno acomodado. Es hijo de Xi Zhongxun, uno de los fundadores de la guerrilla comunista, y pertenece a la casta de los 'príncipes rojos', descendientes de los revolucionarios que llegaron al poder en 1949 antes de las purgas de Mao Zedong.

Xi intenta hacer olvidar sus orígenes. La prensa oficial insiste en su vida en el ámbito rural durante la Revolución Cultural, cuando vivía en una gruta.

Al final de los disturbios, Xi Jinping se diplomó como ingeniero químico por la prestigiosa universidad de Tsinghua, en Pekín, pero acabó haciendo carrera en el aparato del partido, en el que entró con apenas 21 años.

El presidente chino conoce Estados Unidos: estuvo en Iowa en 1985 para estudiar agricultura. Se divorció y en 1987 se casó con la cantante Peng Liyuan, por aquel entonces mucho más famosa que él. El matrimonio tiene una hija.

Xi Jinping fue gobernador de Fujian en el año 2000 y jefe del partido en Zhejiang en 2002, dos provincias costeras que son un escaparate de la China reformista.

El presidente Hu Jintao recurrió a él en 2007 para pedirle que pusiera orden en Shangái, donde el jefe del partido había caído por un escándalo de corrupción.

Ese mismo año, Xi Jinping entró en el comité permanente del buró político, cenáculo del PCC, a cuyo mando se puso en noviembre de 2012.

No jugará al golf con Donald Trump en Mar-a-Lago. En nombre de la lucha contra la corrupción, este deporte ha engrosado la lista negra del presidente chino.

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