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Una mujer iraquí desplazada por los combates entre las fuerzas iraquíes y el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en Tal Afar, en una tienda del campamento de Badush, a unos 150 kilómetros de su hogar, el 25 de agosto de 2017

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En el campamento de Badush, levantado para acoger a los civiles que huyan de los combates entre las fuerzas iraquíes y los yihadistas en Tal Afar (norte), solo se ve a unos cuantos guardias y médicos. Las hileras de tiendas montadas para los desplazados siguen vacías.

A 150 kilómetros al sureste de Tal Afar, en Badush y Al Bueir, las autoridades iraquíes -con la ayuda de ONG- montaron varios campamentos para refugiar a los desplazados de la última gran batalla contra los yihadistas en la provincia de Nínive, en el norte de Irak.

Allí, tras haber conquistado Mosul, las fuerzas progubernamentales -el ejército, la policía y los paramilitares del Hashd Al Shabi- van avanzando en su conquista de la ciudad de Tal Afar, que esperan haber tomado completamente para el 2 de septiembre.

El general Jabar Mustafa Hasun, del comité de evacuación y al cargo de los desplazados, vio llegar a algunos civiles procedentes de esa localidad, que antes de la llegada de los yihadistas tenía unos 200.000 habitantes. Pero eso fue antes de que comenzaran los combates.

En las semanas previas a la ofensiva de Tal Afar -que empezó el pasado domingo-, entre "80.000 y 90.000 personas" seguían en la ciudad, a 70 kilómetros al oeste de Mosul, y "hace una decena de días, entre 4.000 y 6.000 civiles llegaban cada día a los campamentos", afirmó a la AFP.

Desde que empezaran los combates, sin embargo, la cifra cayó a "150 o 200 al día, y a veces solo una cincuentena". Según el general, solo "quedarían unas 160 familias" en Tal Afar, "las de los combatientes locales o extranjeros" del EI.

Bajo una tienda, Isa Hasan, de 72 años, se refugia del sol abrasador y cuenta que llegó "hace dos días desde Al Khan", una aldea cercana a Tal Afar, donde vivía desde hacía dos años.

"Soy del barrio de Al Jazira, en Tal Afar", explica a la AFP, "pero teníamos la impresión de vivir en estado de sitio, no nos sentíamos bien".

Isa Hasan se esforzó por quedarse hasta el final en Al Khan. Primero envió a sus cuatro esposas al campamento de Hamam Al Alil, al sur de Mosul. Luego se vio obligado a vender su rebaño de cabras, que daba de comer a los 32 miembros de su familia. Fue entonces cuando se resignó a mudarse al campamento de Badush, a pie.

Hasan Farhad también tuvo que caminar durante horas. Cuenta que estuvo encarcelado durante un tiempo por el grupo EI por haber fumado -una práctica considerada un "pecado" por los yihadistas- pero que al final consiguió escapar, aunque otros no corrieron la misma suerte, apunta. Los yihadistas "mataban a quienes intentaban huir", afirma a la AFP.

El doctor Omar Amer, de la ONG Dary, lleva en el campamento dos semanas. "Al principio, veíamos a familias llegar diariamente, unas 150 al día", algunas heridas o con malnutrición, señala a la AFP. "Pero esta cifra ha bajado desde entonces".

"Hemos oído hablar de desplazados que aún podrían llegar", agrega el médico. "Estamos preparados, esperamos".

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AFP