Contenido externo

El siguiente contenido proviene de socios externos. No podemos garantizar al usuario el acceso a todos los contenidos.

Mujeres iraquíes, desplazadas por la batalla contra el Ejército Islámico, aguardan el 8 de julio de 2017 en Mosul, a ser reubicadas

(afp_tickers)

En el crepúsculo de la batalla de Mosul, los más frágiles pagan el precio más alto para sobrevivir. Como los cientos de mujeres y niños, liberados del yugo del grupo yihadista Estado Islámico (EI), que surgen como fantasmas de entre las ruinas.

Al límite del casco antiguo, donde siguen retumbando los disparos de morteros y armas automáticas, unas 15 mujeres y unos 50 niños esperan sentados en una calle, a la sombra para protegerse del sofocante sol.

El ejército acaba de traerlos de Maidan, el último barrio donde los yihadistas del EI resisten a las fuerzas iraquíes, que se preparan para anunciar su victoria tras ocho meses de combates.

Fátima, de unos 50 años, no puede dejar de llorar cuando describe los cuatro meses que pasó con su familia, sin "casi comida ni agua" en un sótano, vigilada por el EI, rezando para que no los alcanzaran los bombardeos.

Por la mañana, cuando su calle parecía haber sido controlada por el ejército, salieron a la luz y caminaron hacia la libertad. En ese mismo momento, Ahmad, el hermano de Fátima, fue alcanzado por un disparo de un francotirador. Una ambulancia se lo llevó y ya no tuvo más noticias de él.

Otra mujer, postrada en el suelo, mira al cielo entre lágrimas. Al abandonar la Ciudad vieja de Mosul, Liaqaa dejó los restos de su hermano Ibrahim, también fallecido por una bala de un francotirador yihadista.

Algunas de estas mujeres esperan ansiosas que sus maridos vuelvan, otras pasan controles de los militares, que temen que se infiltren yihadistas entre los civiles. Otras, viudas, ya no esperan a nadie.

Compasivos, los soldados y los equipos de rescate distribuyen pasteles, agua, jugo de naranja y frutas para los niños, muchos de los cuales llegan deshidratados.

"Hoy llegaron 250 desplazados", explica sin dar su nombre un empleado de una oenegé local, que les ofrece comida. Según él, "un cuarto de ellos están heridos, la mayoría por tiros de mortero o de francotiradores yihadistas que disparan contra civiles que huyen".

Los desplazados que no tengan familiares en los alrededores serán trasladados a campamentos en el exterior de la ciudad. Según la ONU, unos 915.000 habitantes huyeron de la ciudad desde el inicio de la batalla de Mosul en octubre, entre los cuales 700.000 siguen estando desplazados.

- No llores, mamá -

En una de las calles, una niña de unos tres años deambula, perdida. Toda despeinada, con una túnica turquesa y un vendaje blanco en el cuello, aprieta contra ella con todas sus fuerzas una pequeña botella de agua, medio vacía.

"¿De quién es esta niña?", grita un soldado. Alrededor, las mujeres lloran tan desconsoladamente que no pueden contestar.

Un poco más lejos, una joven madre, veinteañera, con una túnica negra y velo azul claro, está arrodillada contra una pared. Su cuerpo se retuerce de dolor mientras suplica a un soldado que la escuche.

Una hora antes, esta mujer perdió a su hijo de siete años en un bombardeo, de no sabe qué bando, en el momento en que la familia estaba huyendo. "¡No pude hacer nada!", gritaba, con el rostro desfigurado por el dolor.

Junto a ella, su hija de 10 años le seca las lágrimas. "No llores, mamá", le dice. Su túnica, con pequeños bordados, está manchada con la sangre de su hermano.

Al otro lado de la calle, Samira, de unos 20 años, abraza fuerte contra ella a sus dos hijas mientras intenta juguetear con su bebé, de pocas semanas, que no se mueve y tiene la tez grisácea.

"El EI nos pegaba cada vez que intentábamos salir. Y fuera, estaban los bombardeos. Era horrible", recuerda, todavía con voz temblorosa.

Al final, el bebé empieza a llorar, como si volviera a la vida, bajo la mirada de los socorristas. El recién nacido tendrá al menos la suerte de no acordarse de la terrible batalla de Mosul.

AFP