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Gente reunida el 14 de noviembre de 2015 cerca del restaurante Le Carillon en París, uno de los lugares atacados durante los atentados del 13 de noviembre

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Los parisinos, conmocionados por los atentados de la víspera, describían el sábado cerca de los lugares de los ataques "escenas de guerra", y una violencia sin precedentes que sienten dirigida también contra su "modo de vida".

La diferencia con los atentados de enero "es que ahora el crimen es masivo. No se trata de periodistas, judíos o policías: eres tú y yo en nuestro bar, nuestra sala de conciertos, lugares a los que vamos con nuestros niños", declara Sylvain, hombre de unos 40 años.

En un café cerca de la calle Charonne, donde uno de los atentados causó 19 muertos, Nessim, treintañero vestido a la "hipster", está aterrado: "Apuntaron a los lugares emblemáticos de la tolerancia". Los barrios de París de cultura popular y "mestizaje", "el Bataclan, lugar de cultura compartida, el Estadio de Francia, el fútbol, la religión de los laicos", dice con voz pausada.

En el Bataclan, célebre sala de conciertos del este parisino, fue "una matanza, gente con balazos en la cabeza, personas a las que se disparó cuando estaban caídos en el suelo", clama un policía que participó en la intervención la noche pasada.

El ataque en esa sala se saldó al menos 82 muertos. Los cuatro atacantes murieron también, tres de ellos haciéndose estallar.

"Volví a casa sólo para darme una ducha y tranquilizar a mis hijos", Nessim.

El barrio seguía bloqueado el sábado a primeras horas de la tarde. Delante de la entrada del Bataclan, los camiones de policía impiden ver a cientos de equipos de televisión del mundo. Vehículos funerarios evacuan los cuerpos.

"Yo estaba al fondo de la sala, eso me salvó", cuenta Anthony. Vio a uno de los atacantes no enmascarado que se acercó a "pocos centímetros" de él. "Me esperaba la bala fatal, estaba a descubierto", "me arrastré chapoteando en la sangre y salí al aire libre", indemne, agrega.

- 'Con frialdad, sin un grito' -

En total, los seis ataques del viernes causaron 120 muertos en París y en su periferia norte, donde se encuentra el Estadio de Francia, en el que se jugaba un partido entre las selecciones de Francia y Alemania.

En la calle Charonne, donde el perímetro de seguridad fue levantado esta tarde, podía verse a través de la cortina metálica cerrada del bar La Belle Equipe once impactos de bala. Un hombre las señala a su hija de unos diez años, para que ella también "sepa". Dentro del local están encendidas dos velas y en el suelo se ve una mancha de sangre.

"Oí disparos hacia las 21H30 (20H30 GMT). Me asomé a la ventana y vi dos hombres", atestigua Jean-Luc, fisioterapeuta que vive encima del bar. Vestidos con "chaquetones oscuros, pantalones vaqueros y zapatillas deportivas, la cabeza y el rostro descubiertos. Uno disparaba hacia el bar, el otro parecía vigilar alrededor".

"En un momento los dos disparaban", "con frialdad, sin un grito", "disparaban sin cesar y eso duró al menos cuatro minutos", agrega el testigo, aún conmovido.

Al final "se fueron en automóvil" y abajo había "sangre por todos lados, cuerpos destrozados. Yo soy socorrista, agarré mi maletín e hice lo que pude", concluye.

Delante del bar, la gente viene y deposita flores.

Marlène Chabaud, de 23 años, vino al lugar para un momento de homenaje antes de ir a donar sangre. "Paso por aquí todos los días. Necesitaba detenerme", dice.

AFP