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Un manifestante con la famosa máscara de Guy Fawkes pintada con los colores de la bandera de Rumanía, en la protesta contra los polémicos decretos gubernamentales que suavizarán la lucha contra la corrupción, el 2 de febrero de 2017 en Bucarest

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"¿Que si creo en nuestro futuro? ¡Claro! ¡Si no, no estaría aquí!". Para Laura, como para muchos otros jóvenes que llevan manifestándose en Bucarest desde el martes, la corrupción y la emigración masiva que ésta favorece no son motivo para no ser optimista en Rumanía.

Laura, una madre treintañera que el viernes llegó a la plaza Vitoriei con su compañero Daniel para protestar contra los planes del gobierno de suavizar la legislación anticorrupción, como hicieron otras 100.000 personas, asegura confiar en su país.

"Hemos decidido no irnos", recalca orgullosamente, mientras su bebé duerme tranquilo pese al ruido ensordecedor. "Aquí tenemos nuestra familia y nuestros amigos, y nuestros salarios son correctos para los precios rumanos".

Desatado el martes por un decreto de emergencia del gobierno socialdemócrata, el movimiento de protesta, que reunió a entre 200.000 y 250.000 personas el viernes en todo el país, adquirió proporciones inéditas desde la caída del régimen comunista, en 1989.

La mayor parte de los manifestantes son como Laura: jóvenes, urbanos y con estudios. Muestran su "optimismo" respecto al futuro del país, como dice Armand, un economista de 34 años.

Para Vlad, de 39, "desde 2012, la izquierda nos engaña, la derecha nos engaña, hacen el mismo tipo de política, pero es un buen país cuando uno es joven".

"Habría tenido la posibilidad de dejar el país pero nunca pensé que tendría una vida mejor en otra parte". Simplemente, "hay que bajar a la calle para que las cosas cambien", explica este padre de dos hijos, que gana 500 euros mensuales por su trabajo de profesor en la facultad de cine de Bucarest.

- "Entorno decente" -

En los últimos años, unos 3 millones de activos, es decir, casi el 15% de las población, se fueron de Rumanía, provocando una escasez de mano de obra cualificada en algunos sectores.

La causa: los sueldos, que no superan los 470 euros de media en un país en el que una cuarta parte de la población vive en la pobreza.

Además, la corrupción endémica complica el día a día y refrena la iniciativa, señala Cornelius, de 26 años. Este editor de vídeo residente en Mánchester (Inglaterra) ha vuelto a Rumanía "de vacaciones". "Dejé el país, principalmente, a causa de la corrupción. Gano tanto allá como acá. La única diferencia es la corrupción", asegura.

Desde hace unos años, se han registrado éxitos notables en la lucha contra este fenómeno, gracias al trabajo de una fiscalía especializada bajo el impulso de la Unión Europea. Más de 2.000 personas han sido condenadas por abuso de poder, incluyendo políticos destacados.

Para los manifestantes, sin embargo, estos avances se han visto amenazados por el nuevo gobierno socialdemócrata (PSD), que desea aflojar el umbral en materia de delincuencia financiera y sacar de la cárcel a responsables ya condenados.

Para Daniel, el compañero de Laura, el "muy buen grado de cualificación" de los rumanos en las nuevas tecnologías, conjugado con los efectos de la lucha contra la corrupción, ha creado un clima favorable a las inversiones. Considera que sería lamentable que un giro legislativo comprometiera esta situación.

"Numerosas compañías vienen a abrir grandes centros de datos y a emplear a personal para asistencia remota. Incluso producen aparatos aquí", subraya este informático, que gana un cómodo sueldo de 3.500 euros.

Stefan, un directivo de 40 años, afirma manifestarse para que su hija de 2 años "crezca en un entorno decente". "Quiero que nos quedemos en Rumanía", asegura. "Pero, visto el cariz que toman las cosas, debemos plantearnos alternativas...".

AFP