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La presidenta Dilma Rousseff (c) en Brasilia, el 31 de agosto de 2016, tras ser destituida

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La destitución de Dilma Rousseff en Brasil generó distintas reacciones entre sus vecinos sudamericanos: desde el congelamiento de relaciones anunciada por el gobierno socialista de Venezuela, el retiro del máximo representante ecuatoriano en Brasilia, hasta el "respeto" expresado por el gobierno de centro-derecha de Argentina.

Venezuela "ha decidido retirar definitivamente a su embajador" en Brasil, Alberto Castellar, "y congelar las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno surgido de este golpe parlamentario", anunció Exteriores de Venezuela en un comunicado.

El presidente del país, Nicolás Maduro, que en mayo llamó a consultas a su embajador en Brasil, condenó en la red social Twitter lo que calificó como "el Golpe Oligárquico de la derecha".

Ecuador, otro aliado de Rousseff y de su antecesor en el cargo, Luiz Inacio Lula da Silva, retiró a su encargado de negocios, Santiago Javier Chávez Pareja, que hasta ahora era su máximo representante diplomático en Brasilia.

En mayo, en protesta por el proceso de juicio político contra Rousseff, Quito llamó a consultas a su embajador en Brasil, Horacio Sevilla, que desde entonces no volvió al puesto y en junio fue nombrado representante permanente de Ecuador ante Naciones Unidas.

El Gobierno de Ecuador aseguró que la embajada quedará a cargo del tercer secretario y, sin referirse a un congelamiento de las relaciones, advirtió que "probablemente haya algún tipo de afectación a la relación bilateral".

El presidente de Bolivia, Evo Morales, llamó a consultas a su embajador en Brasil, luego de condenar "el golpe parlamentario" contra Rousseff.

Por su parte, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), formada por Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, condenó el "golpe de Estado parlamentario" en Brasil, que demuestra "que las fuerzas regresivas del hemisferio siguen trabajando con el objetivo de desestabilizar y provocar golpes de Estado en contra de los gobiernos progresistas de la región".

En una postura más moderada, el gobierno argentino de Mauricio Macri (centro-derecha), destacó que "respeta" la decisión del Senado de Brasil de destituir a Rousseff y "reafirma su voluntad de continuar por el camino de una real y efectiva integración en el marco del absoluto respeto por los derechos humanos, las instituciones democráticas y el derecho internacional".

En ese mismo sentido se pronunciaron los Gobiernos de Chile y Paraguay.

Chile expresó su "confianza en que Brasil resolverá sus propios desafíos a través de su institucionalidad democrática".

"Para nosotros fue una decisión tomada por las instituciones democráticas brasileñas. Como tal, nosotros respetamos", dijo por su parte a AFP el titular de Exteriores paraguayo, Eladio Loizaga.

Tras un proceso de nueve meses, el Senado brasileño aprobó este miércoles por 61 votos contra 20 la destitución de Rousseff por irregularidades presupuestarias que ella siempre negó..

Horas después, Michel Temer, de 75 años, exvicepresidente de Rousseff asumió la presidencia del gigante sudamericano hasta 2018.

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AFP