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Unos periodistas les muestran sus carnets de prensa a unos policías de paisano el 28 de octubre de 2015 cerca de las sedes del periódico Bugun y del canal de televisión Kanalturk en Estmabul durante una protesta contra su cese de actividad

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La decisión del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, de celebrar este domingo elecciones legislativas anticipadas es una apuesta arriesgada para recuperar el poder total tras haber perdido en junio la mayoría parlamentaria.

Los sondeos publicados en los últimos días auguran que, igual que en las legislativas del 7 de junio, su Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP, islamoconservador) no obtendría la mayoría absoluta. En esas elecciones, el AKP obtuvo el 40,6% de lo votos, pero perdió la mayoría que tenía en el parlamento desde hacía 13 años. El resultado supuso un duro revés para el hombre fuerte del país y frenó su ambición de crear una especie de 'superpresidencia' con la que hubiera acumulado todavía más poder.

Pero en vez de darse por vencido, Erdogan hizo todo lo posible en las semanas siguientes para dinamitar las negociaciones para formar una coalición. Y, como no lo consiguió, decidió convocar unas nuevas elecciones.

"La presidencia ejecutiva [que le habría dado más poder] defendida el jefe de Estado fue ampliamente rechazada en junio", explica Marc Piérini, investigador de la fundación Carnegie Europe. "Si este domingo el resultado es parecido, Europa espera que termine este periodo transitorio, que no es bueno para el país, y que se forme un gobierno de coalición", augura el experto.

No está claro, sin embargo, que Erdogan acepte una cohabitación 'a la turca'.

Contrariamente a hace unos meses, el jefe de Estado ha renunciado a sus reuniones públicas diarias en las que reclamaba abiertamente una mayoría de 400 diputados para reforzar sus poderes. "Ha cambiado de táctica", explica Sinan Ulgen, del Centro de Estudios de Economía y Política Extranjera (EDAM) de Estambul. "Los sondeos han demostrado que su injerencia durante la campaña de junio fue contraproducente para el AKP", afirma.

- Giro autoritario -

A pesar de que es un poco más discreto, Erdogan continúa, sin embargo, expresando su intención de mantener las riendas del país. "No he llegado hasta aquí caído del cielo", recordó recientemente. "He sido primer ministro durante once años y medio. Hay proyectos que todavía están por terminar, tenemos el deber de continuarlos".

El jefe del Estado tampoco ha cambiado su visión política ni alterado el giro autoritario que le reprocha la oposición, como demuestra la redada de esta semana en la que la policía tomó el control de dos cadenas de televisión de la oposición.

Con la esperanza de atraer el voto nacionalista, Erdogan se define como el único capaz de mantener la paz y la seguridad en el país tras la reanudación en julio de los combates entre las fuerzas de seguridad y rebeldes kurdos y tras el atentado del 10 de octubre en Ankara, que dejó más de 100 muertos.

"Hay sangre en Turquía y Erdogan intenta aprovechar este clima de tensión para obligar al país a elegir entre el caos o el orden establecido", afirma el columnista Kadri Gürsel, despedido recientemente del periódico Milliyet. "Pero hay pocas probabilidades de que esta estrategia le permita recuperar la mayoría absoluta", añade, "porque la sociedad turca está muy polarizada".

Los sondeos confirman este análisis y dan al AKP entre el 41% y el 43% de los votos, menos de los que necesitaría Erdogan para gobernar en solitario. Por eso, muchos temen que el domingo por la noche el país vuelva a estar de nuevo bloqueado, como tras las elecciones de junio. "Las negociaciones para formar una coalición parecen ahora todavía más complicadas", augura Sinan Ulgen. "Y si el AKP se queda a pocos votos de la mayoría absoluta, el presidente Erdogan podría convocar elecciones por tercera vez", advierte.

AFP