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Simpatizante de la candidata a la presidencia peruana Keiko Fujimori en Lima el 7 de abril de 2016

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Los peruanos están convocados este domingo para elegir presidente, que puede ser por primera vez una mujer, pues los sondeos dan como favorita a Keiko Fujimori, hija del exmandatario Alberto Fujimori, actualmente preso por crímenes de lesa humanidad.

Keiko Fujimori, de Fuerza Popular (derecha), lidera las preferencias con el 35% de los votos, lo que hace casi inevitable un balotaje el 5 de junio.

Keiko perdió su pulso anterior con el presidente saliente Ollanta Humala, un exmilitar que se alzó contra su padre.

La candidata dio su mitin de cierre de campaña el jueves por la noche en la capital, prometiendo acabar con la inseguridad del país como hizo su padre, que libró una lucha sin cuartel contra los grupos insurgentes, como el maoista Sendero Luminoso.

Sin renegar totalmente del legado que dejó su padre en diez años de gobierno (1990-2000), que sigue provocando profunda repulsa en buena parte de la sociedad, la candidata de 40 años y madre de dos hijas trata de dar una imagen de demócrata moderna e independiente.

Para bien o para mal, a Keiko le resulta difícil desprenderse de la larga sombra del populista autoritario que fue su progenitor, que a los 77 años purga una condena de 25 años por corrupción y crímenes de lesa humanidad, con mucha prédica todavía entre los pobres y en las zonas rurales.

- Pugna por la segunda vuelta -

En la pugna por llegar a la segura segunda vuelta, chocan la joven Verónika Mendoza, de 35 años, del izquierdista Frente Amplio, y Pedro Pablo Kuczynski, del centroderechista Peruanos por el Kambio, con amplia experiencia de gobierno, que aparecen segundos en los sondeos con un empate técnico en torno al 15%.

Mendoza es una cara nueva que exhibe una voz dulce pero determinada que ha escalado en los sondeos en las últimas semanas con una propuesta económica alternativa.

Una novedad en un país donde en los últimos años todos los presidentes, independientemente de su lineamiento político, han priorizado la economía de mercado.

Pese a que el presidente saliente Ollanta Humala coqueteó durante su campaña con el socialismo del Siglo XXI del venezolano Hugo Chávez, tras asumir en 2011 abrazó la ortodoxia económica, montado en la cresta de un pujante crecimiento promedio anual de más de 6% que impulsó a Perú desde 2006.

Tras la desaceleración desde 2013 por la caída de las materias primas, Perú creció 3,26% en 2015, muy por encima de los vecinos en la región.

Ese desempeño le ha servido de muy poco a Humala, quien dejará la casa Pizarro, la sede presidencial, con la popularidad por el piso y sin un candidato de su partido para sucederle.

Ni Alan García ni Alejandro Toledo -ambos expresidentes que no acaban de zafarse de la sombra de la corrupción que los persigue- parecen cosechar los amores de un electorado en permanente búsqueda de caras nuevas ante el desprestigio de la clase política.

Con la prohibición de difundir sondeos, los candidatos se afanaban este viernes en los medios de comunicación para convencer al dubitativo electorado a votarles tras el cierre de los mítines.

- Volatilidad del electorado -

"En Perú se vota por la persona que inspira más confianza y simpatía, no se vota por programas económicos ni ideologías", advierte a la AFP el exministro de Trabajo Jorge González Izquierdo, quien no tiene duda de que una victoria de Keiko en la primera vuelta "no le garantiza en absoluto" que venza en la segunda.

"La segunda vuelta es un partido de fútbol nuevo y se empieza con el marcador a cero", zanja.

Por eso, es arriesgado hacer cualquier vaticinio de lo que pueda suceder el domingo, cuando los electores elegirán asimismo a los dos vicepresidentes de la fórmula presidencial y a los 130 diputados de la Cámara única peruana.

- Los desafíos -

Quien quiera que empuñe el báculo presidencial a partir del 28 de julio, se encontrará con un campo minado de desafíos, empezando por la inseguridad rampante y una economía muy dependiente de los recursos mineros, de la pesca y el agro, en plena desaceleración en un país que este año crecerá en torno al 3%.

"Muy por debajo del 7% que se necesitaría para resolver los problemas de la extrema pobreza, la desigualdad en la distribución de la riqueza y la desigualdad de oportunidades" que sufren los peruanos, dice González.

Y la única forma de conseguirlo es con una batería de reformas que pasan por la mejora de la educación y la salud, el funcionamiento del Estado y las instituciones, y una inversión masiva en infraestructuras. Lo que no resulta muy fácil con un parlamento muy fraccionado.

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AFP