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Agentes de policía y efectivos de desminado identifican armas y explosivos en depósitos de ETA en la localidad francesa de Saint-Pee-sur-Nivelle, el 8 de abril de 2017

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España se mostraba dividida este sábado entre el alivio y cierta amargura tras la entrega de ETA de un listado con sus depósitos de armas, un paso "positivo" pero "insuficiente" que no debe hacer olvidar a las víctimas.

A las 18H00 (16H00 GMT) del sábado, el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, no había reaccionado a la noticia, reacio como de costumbre a dejarse imponer los tiempos de la comunicación por parte de un adversario.

Como respuesta, su Ejecutivo emitió un comunicado exigiendo a ETA pedir perdón a sus víctimas y desaparecer más de cincuenta años después de su fundación, en 1959.

Para Madrid, la entrega por ETA de una lista de sus depósitos de armas a las autoridades francesas, celebrada como un evento histórico por la comisión de verificación que ejerció de intermediaria, es "una operación mediática para disimular su derrota".

La organización independentista se desprendería así de más de un centenar de armas y tres toneladas de explosivos cinco años y medio después de haber anunciado su renuncia definitiva a la lucha armada en octubre de 2011.

"Sin duda el desarme es un hecho positivo, del que todos debemos alegrarnos, a la vez que decir que es un hecho insuficiente", dijo el vicesecretario del Partido Popular (PP) de Rajoy, Javier Maroto, alcalde de Vitoria entre 2011 y 2015.

"Todos deseamos de forma profunda que el desarme venga acompañado de una petición de perdón y de condena explícita y por supuesto de la disolución de la propia banda terrorista ETA", añadió.

El Gobierno vasco, nacionalista y conservador, que participó en la organización del desarme, reaccionó también con prudencia.

"Es un paso fundamental en el proceso de final ordenado de la violencia y de desaparición de ETA", declaró su presidente, Iñigo Urkullu. Pero también demuestra que "ni una de las víctimas provocadas por ETA debió producirse nunca".

Tras cinco años de paz, la sociedad española no ha olvidado las cuatro décadas sombrías, marcadas por la violencia de ETA por la independencia del País Vasco y Navarra, que dejó un balance de 829 muertos, miles de heridos y numerosas víctimas de secuestros, amenazas y extorsiones.

Durante la etapa más sangrienta, en los años 1980, el País Vasco vivía a veces varios asesinatos en un mismo día y las represalias de milicias parapoliciales que torturaban y mataban a miembros y simpatizantes de ETA cometiendo 62 ejecuciones extrajudiciales, según un informe de historiadores, "Foronda", encargado por el Gobierno vasco.

- 'El camino prosigue' -

"El camino prosigue. Nada empieza, ni termina hoy. Seguimos trabajando por una convivencia normalizada, ahora en un escenario mejor" en esta comunidad autónoma de 2,1 millones de habitantes, insistió Urkullu.

Los socialistas vascos, objetivo de numerosos atentados de ETA, celebraron este paso hacia "la consolidación de la paz", pero coincidió con el Gobierno en que este gesto no merece "contrapartida alguna ni merma la responsabilidad de los que ejercieron el terror".

Y señalaron también que las víctimas todavía esperan "el reconocimiento del daño causado".

La número dos de Podemos, Irene Montero, saludó este "importante paso en la construcción de la paz" en el País Vasco.

El asunto todavía duele en España, donde los familiares de las víctimas temen quedar sumidos en el olvido y recuerdan el fracaso de negociaciones con el grupo, en 1999 y 2006.

El ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, tuitea cada día para conmemorar el aniversario de las víctimas, entre quienes se hallan 246 guardias civiles, 149 policías, 87 militares, 30 políticos y numerosos civiles.

Sus familiares temen también que se sacrifique la justicia para alcanzar la paz y que cientos de crímenes todavía sin resolver queden impunes.

"Una sociedad no puede avanzar si acepta en su seno político a una gente así. Son ellos los que tienen que cambiar los estándares, no nosotros bajar los estándares. Son ellos los que tienen que regenerarse y no nosotros degenerar", lamentó la eurodiputada vasca de UPyD Maite Pagazaurtundua, hermana de una víctima.

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