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Clientes de un bar leen el periódico en Barcelona el 21 de diciembre de 2015

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La economía española continuará con su ímpetu en 2017, con un crecimiento por encima del 3% del PIB y de la media europea, ayudada por los bajos intereses, los salarios moderados y un turismo floreciente, según el Banco de España.

El Banco de España preveía hasta ahora una ligera ralentización con un crecimiento del 2,8% tras dos años al 3,2%. Pero finalmente mejoró su pronóstico para 2017 al 3,1%, en la línea de la estimación gubernamental de "alrededor del 3%".

Tras la dura crisis sufrida entre finales de 2008 y 2013, España se sitúa claramente por encima de la media de la zona euro, para la que el Banco Central Europeo (BCE) prevé un crecimiento de +1,9% en 2017.

La coyuntura es más favorable debido a "la mejora de las perspectivas de los mercados mundiales, particularmente en el corto plazo", y "los niveles más reducidos de los precios del petróleo y los menores tipos de interés", justificó el banco.

Como señala Alfredo Pastor, economista en la IESE Business School, España se aprovecha de la política monetaria del BCE, que mantiene al mínimo las tasas de interés más tiempo del esperado.

"Sin los tipos de interés, bajaría seguramente el crecimiento en la zona euro, las exportaciones y a lo mejor la demanda interna también", añade.

- Caída del desempleo -

Según las proyecciones del Banco de España, el crecimiento seguirá impulsado por las exportaciones de bienes y servicios (+6,9%), especialmente gracias al turismo, pilar de la economía, que aporta más de un 10% del Producto Interior Bruto (PIB).

"Se espera un año turístico extraordinariamente bueno", afirma Pastor.

Se trata de un sector "que crea mucho empleo, un empleo no muy bueno, pero mucho empleo", insiste.

La todavía elevada tasa de paro -del 18,7% en el primer trimestre, la segunda cifra más alta de la zona euro- retrocede rápidamente desde 2014, a un ritmo de 500.000 nuevos empleos anuales.

De rozar el 27% de la población activa en 2013, el desempleo debería bajar al 16,5% a finales de 2017, al 14,7% a finales de 2018 y al 13,2% a culminar 2019, de acuerdo con el Banco de España.

La institución cuenta con la creación de empleo, pero también con el envejecimiento de la población y la consecuente reducción de la población activa.

Una caída del paro que conlleva un repunte del consumo. "Es lo típico de la salida de una crisis: la gente se ha quedado sin comprar muchas cosas, coches, pisos...", dice Pastor.

De hecho, el Banco de España señala que 2,5 puntos de los 3,1 de crecimiento están ligados a la demanda interna.

La inversión en los bienes de equipo (+3,6%) y la construcción (+4%), que repuntan tras su hundimiento por el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, también se benefician de ello.

- Salarios bajos -

En su explicación, el banco central destaca las "ganancias de competitividad" del país, un arma de doble filo, según los analistas.

Juan Antonio Maroto, profesor de economía en la Universidad Complutense de Madrid, señala que una gran parte de la industria española practica la "reelaboración".

En la automoción, por ejemplo, "se importan piezas de las matrices automovilísticas para ensamblarlas en España y exportarlas".

"La competitividad española, desgraciadamente, se sigue basando sobre lo que se ha llamado devaluación interna", la bajada de los costes laborales, asegura.

Las reformas laborales aprobadas en los últimos años flexibilizaron el empleo y facilitaron los despidos.

Esto "ha motivado un temor en las empresas a negociar incrementos salariales por la amenaza del despido. Y provocado que los ingresos subieran pero los salarios no", opina Maroto.

"En comparación con el pasado reciente, el ritmo de crecimiento del consumo en los hogares experimentaría una moderación progresiva", predice el banco central.

La tendencia podría verse acentuada por la inflación, superior al 2% desde principios de año, aunque el Banco de España pronostica su desaceleración.

Del mismo modo, la ralentización económica inicialmente prevista en 2017 debería producirse en 2018 y 2019, con crecimientos del 2,5% y el 2,2%, respectivamente.

Lo que supondría un retorno progresivo a la media de la zona euro, que debería crecer un 1,8% y un 1,7% en estos años, según el BCE.

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AFP