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Un miembro del ELN vigila el área de Alto Baudo, en el departamento de Choco, Colombia, el 26 de enero de 2017

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La tregua con el ELN encara su primera crisis en Colombia. El asesinato de un líder indígena a manos de los rebeldes mina la confianza en el alto al fuego pactado en el marco de los diálogos de paz en Quito.

De momento, el gobierno decidió este lunes continuar con el cese al fuego vigente desde 1 de octubre, con una duración inicial de tres meses, tras la confesión del crimen por parte de un frente de la guerrilla que pidió perdón por el hecho.

"Ningún incidente por sí mismo será causa de ruptura del cese al fuego de forma unilateral y automática", aclaró la oficina del Alto Comisionado de Paz en un comunicado.

Sin embargo, el caso es un "grave incidente" que será evaluado este viernes por la misión de verificación que conforman la ONU, la Iglesia católica y las dos partes comprometidas desde febrero en una negociación de paz en Quito, anunció el jefe negociador del gobierno, Juan Camilo Restrepo, en su cuenta de Twitter.

Solo después de que se pronuncie el mecanismo reunido en la capital ecuatoriana, se definirá "la continuidad del cese al fuego", según el gobierno.

- Rechazo -

Repudiado por la delegación de la ONU en Colombia, el asesinato que tensó el acuerdo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) se produjo la semana pasada en el selvático departamento de Chocó.

El gobernador indígena Aulio Isarama Forastero, de 29 años, había sido retenido el martes por supuestos nexos con la inteligencia militar, y murió tras negarse a ir con sus captores.

El dirigente "se niega a caminar y se abalanza sobre uno de nuestros guerrilleros, con el trágico desenlace conocido", expresó el Frente de Guerra Occidental Omar Gómez en un comunicado difundido el domingo.

El ataque coincide con una arremetida contra líderes sociales y de derechos humanos que deja 200 muertos desde enero de 2016, de acuerdo con la Defensoría del Pueblo (ombudsman).

Además del cese de acciones militares, el ELN se comprometió a suspender los secuestros y ataques a la infraestructura petrolera durante la tregua que finalizará el 9 de enero.

Desde Ottawa, donde cumple una visita oficial, el presidente Juan Manuel Santos también condenó el asesinato.

- Unidad en cuestión -

Aunque ninguna de las dos partes ha reconocido que se trató de una violación de lo pactado, expertos en el conflicto creen que esta acción debilita la credibilidad en la primera tregua bilateral que aceptó la agrupación guevarista desde que se levantó en armas en 1964.

"Esta torpeza lo que hace es que todo el mundo empiece a pedir el levantamiento de la mesa" de negociaciones, señala Ariel Ávila, de la Fundación Paz y Reconciliación, a la AFP.

En su opinión, aunque difícilmente las partes abandonarán el alto al fuego por muy "reprochable y doloroso" que sea el crimen, el ELN "no ha entendido" los "problemas de apoyo" en las negociaciones y que un crimen así lo "único que hace es minar esa confianza con un gobierno debilitado".

A menos de un año de dejar el poder, Santos intenta sacar adelante los diálogos con el ELN y avanza en medio de tropiezos en la implementación del acuerdo que condujo al desarme y transformación en partido político de la guerrilla marxista de las FARC.

Santos, que busca la "paz completa" para un país desangrado por medio siglo de conflicto, no solo enfrenta el rechazo de la oposición a sus esfuerzos de paz, sino el deterioro de la coalición del gobierno en el Congreso, clave para la aprobación de las leyes y reformas que se desprenden de los pactos de paz.

Y por el lado del ELN el asesinato plantea nuevas dudas sobre la cohesión del grupo.

"Este frente del ELN (...) parecería estar haciendo todos los esfuerzos para estropear el cese al fuego y de hostilidades. Inaceptable", escribió Restrepo.

Frederic Massé, un analista y académico especializado en conflictos en América Latina, cree que el asesinato tiene bajo presión a la jefatura rebelde.

"Si no condenan (el crimen), esto no tendrá presentación frente al gobierno" pero si lo hacen con dureza sería "el reconocimiento a que este frente de guerra occidental es disidente", dijo a la AFP.

Con unos 1.500 combatientes según autoridades, el ELN es la única guerrilla activa reconocida por el gobierno, y a diferencia de las FARC tiene una estructura federada.

"Aquí lo que el ELN tiene que hacer es ajustar las tuercas y llevar a alguien del Frente de Guerra Occidental a la negociación en Quito", añade Ariel Ávila.

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AFP