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El presidente saliente frances, François Hollande, asiste a una ceremonia conmemorativa de la victoria aliada sobre la Alemania nazi, el 8 de mayo de 2017 en París

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François Hollande había prometido ser un "presidente normal", pero el domingo saldrá del palacio del Elíseo como uno de los jefes de Estado más impopulares de Francia, dejando atrás un escenario político muy complejo.

A esto se suma la humillación de ceder las riendas del país a un exconsejero de 39 años, Emmanuel Macron, prácticamente novato en política, elegido bajo la promesa de una ruptura con su quinquenio.

Incomprendido, criticado incluso dentro de su propia mayoría, François Hollande se impuso como jefe de guerra, encadenando las operaciones militares en el extranjero con una determinación en total contradicción con su imagen en la política interna.

Ante cada golpe terrorista -los atentados yihadistas han dejado 239 muertos en Francia desde 2015- adoptó con éxito su rol de padre de la nación, consolando a un país malherido.

Pero no fue suficiente para mejorar su imagen negativa, agravada aún más por un libro de confidencias a dos periodistas, que fue publicado en octubre del 2016, y por su incapacidad para conseguir una mayoría con que aplicar su programa económico.

Al final de su mandato, la función presidencial ha quedado tambaleándose. "Hay que restaurarla (...), encontrar un presidente que sepa trazar el camino", resumió el exministro de Exteriores conservador Dominique de Villepin.

En 2012, Hollande, el primer presidente socialista desde François Mitterrand (1981-1995), prometió ser todo lo contrario que el mandatario saliente, Nicolas Sarkozy. Su presidencia "modesta" debía romper con el estilo "aparatoso" de su rival de derecha.

- 'Demasiados sueños -

Sin embargo, su popularidad comenzó a caer desde sus primeros meses en el poder. Las críticas abundaron: "no sabe tomar una decisión", "no tiene autoridad", "es demasiado táctico".

En 2013, una reforma prometida durante su campaña que legalizó el matrimonio homosexual, provocó una profunda fractura en la sociedad francesa.

El aumento sin precedentes de la presión fiscal a los hogares y las empresas, acompañado de una bajada del gasto público, provocó la hostilidad de buena parte de la clase media.

Para luchar contra unas tasas de desempleo de en torno al 10%, el presidente optó a medio mandato por un viraje socioliberal, que le valió una lluvia de críticas del ala de la izquierda del partido socialista y la defección de varios ministros.

Esa hostilidad a una política considerada demasiado favorable a las empresas culminó a principios de 2016 con una guerra en el Parlamento con los 'rebeldes' de su propio partido, que se oponían a una reforma del código de trabajo.

Esta reforma provocó multitudinarias manifestaciones de decenas de miles de trabajadores, jóvenes y estudiantes.

"Muchos de sus electores tuvieron la desagradable sensación de haber sido estafados. Simplemente les vendió demasiados sueños", estimaron los dos periodistas que publicaron el libro de confidencias, Gérard Davet y Fabrice Lhomme.

- Macron, ¿su heredero? -

En enero de 2015, Francia fue golpeada por un primer atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo. Le siguió una ola mortal de ataques yihadistas en varios lugares del país.

Hollande reaccionó endureciendo la intervención francesa en Irak y Siria contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

"Me gustaría que se dijese de mí, ya que es la verdad, que fui valiente en ese periodo", dijo el mandatario, de 62 años, según el libro 'Un presidente no debería decir eso'.

En el plano privado, el presidente francés también vivió momentos complicados, como la separación de Valerie Trierweiler, en enero de 2014, tras la revelación por parte de una revista del corazón de su relación con la actriz francesa Julie Gayet.

La ola de críticas generada por el libro de confidencias, en el que participaron incluso sus ministro más fieles, y la impopularidad récord llevaron a que, en diciembre de 2016, François Hollande renunciara a presentarse a la reelección. Algo inédito desde 1958.

Deja atrás un partido socialista en ruinas (consiguió cerca del 6% en las elecciones presidenciales), una extrema derecha en sus niveles más altos (10,6 millones de votos) y un desempleo de casi el 10% de la población activa.

La victoria de Emmanuel Macron es, sin embargo, en parte también la de sus ideas, la de una socialdemocracia liberada de los dogmatismos. "Quizá sea el hombre que lleve a cabo los sueños inconfesados de su predecesor", señaló el exeurodiputado centrista Jean-Louis Bourlanges.

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AFP