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El ambiente en la calle de la República de Saint Denis, al norte de París, el 19 de noviembre de 2015, al día siguiente de la operación policial

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Francia advirtió este jueves del "riesgo" de un atentado con "armas químicas o bacteriológicas", cuando los diputados se disponían a aprobar la prolongación del estado de emergencia por tres meses, seis días después de la matanza de París.

"No hay que excluir nada. Lo digo por supuesto con todas las precauciones que se imponen, pero lo sabemos y lo tenemos en mente. Puede haber riesgo de armas químicas o bacteriológicas", dijo el primer ministro Manuel Valls, al presentar el proyecto de ley sobre el estado de emergencia que la Asamblea Nacional aprobará este jueves y el Senado el viernes.

El Gobierno francés autorizó el sábado a la Farmacia de las Fuerzas Armadas la distribución de un antídoto contra las armas bacteriológicas a los servicios de urgencia civiles en todo el territorio.

Este proyecto de ley "es la respuesta rápida de una democracia frente a la barbarie (...) frente a una ideología del caos", dijo. "Estamos en guerra", agregó.

Entre las medidas adicionales anunciadas por Valls, figura también la creación de un nuevo centro juvenil de desradicalización, destinado principalmente a los "arrepentidos". Los pondremos "a prueba para medir su voluntad de reinserción", explicó Valls.

Los yihadistas de regreso de Siria o de Irak no tendrán cabida en él. "Su lugar está en la cárcel", aseguró en su discurso.

Valls quiere además acelerar la adopción del Registro de Nombres de Pasajeros (PNR, por sus siglas en inglés), un fichero centralizado que permite controlar las entradas y salidas de los viajeros en el territorio europeo, considerado indispensable para combatir la amenaza yihadista.

Esta medida, reclamada también por Estados Unidos, está bloqueada en el Parlamento Europeo, que busca un equilibrio entre la protección de la vida privada y la lucha contra el terrorismo.

La dirección de la policía anunció, por su parte, que los agentes podrán ir armados fuera de las horas de servicio, de forma voluntaria e informando a su jerarquía.

El Gobierno francés prevé que las medidas anunciadas por el presidente François Hollande para reforzar la seguridad después de los atentados, que causaron 129 muertos y más de 350 heridos, costarán al Estado 600 millones de euros (640 millones de dólares).

Unas 24 horas después del asalto policial en Saint Denis, en la periferia de París, en busca del presunto cerebro de los atentados del viernes, Abdelhamid Abaaoud, la fiscalía anunció que fue formalmente identificado entre los fallecidos.

Paralelamente, las fuerzas de seguridad belgas llevaban a cabo este jueves seis redadas en el entorno de uno de los suicidas del Estadio de Francia, Bilal Hadfi, de 20 años.

En Saint Denis, donde también murió una mujer kamikaze, se detuvo a ocho personas, entre las que no figura otro sospechoso clave, Salah Abdeslam, según el fiscal encargado de la investigación. Se cree que Abdeslam logró huir después de haber participado en un comando que ametralló terrazas de bares y restaurantes junto a uno de sus hermanos, Brahim, que se hizo estallar.

La investigación se centra asimismo en otros dos hermanos yihadistas, Fabien y Jean-Michel Clain, cuyas voces figuran en la reivindicación del grupo Estado Islámico (EI).

En el frente exterior, Francia sigue bombardeando al EI en Siria, al igual que Rusia, golpeada por un atentado yihadista contra un avión ruso en el Sinaí egipcio. "Hay que aunar todas nuestras fuerzas", dijo este el ministro de Relaciones Exteriores francés, Laurent Fabius.

Su homólogo ruso, Serguei Lavroz, anunció que su país está dispuesto a cooperar con la coalición antiyihadista liderada por Estados Unidos si se respeta la soberanía de Siria, su aliado.

El futuro político del presidente sirio, Bashar Al Asad, es uno de los principales motivos de discrepancia entre Moscú y varios países, sobre todo Francia y Estados Unidos, que quieren su dimisión.

En París, la prefectura de la policía prolongó la prohibición de manifestarse hasta el domingo, y Lyon (este) suspendió su Festival de las Luces de diciembre, que cada año congrega a entre dos y tres millones de personas.

En los lugares de las matanzas, continúan las muestras de solidaridad. En estos altares de homenaje, además de flores y velas, los franceses dejan ejemplares de la novela 'París era una fiesta', del escritor estadounidense Ernest Hemingway, una recopilación de memorias alegres y tiernas de su estancia en París en los años 1920 convertida en un símbolo de la defensa de la 'joie de vivre'.

AFP