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Policías ocupan sus puestos en el barrio Musaga de Bujumbura durante una manifestación contra el tercer mandato del presidente de Burundi, el 20 de mayo de 2015

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El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas concluyó este lunes una reunión sobre la situación en Burundi con una exhortación a la comunidad internacional a poner fin a la violencia ante el temor de que pueda desembocar en masacres e incluso en un genocidio.

París propuso durante la reunión una resolución que amenaza con sanciones a los responsables de la violencia y llama a las partes a "rechazar cualquier forma de violencia".

El embajador adjunto de Francia ante el Consejo, Alexis Lamek, dijo que es tiempo "de actuar" para poner fin a la crisis desatada por las protestas ante la aspiración del presidente Pierre Nkurunziza a un tercer periodo presidencial.

"Estamos extremadamente preocupados por lo que vemos en Burundi en este momento: el incremento de la violencia política y los discursos de odio en una región donde eso es particularmente inquietante", señaló el embajador a los periodistas.

El texto, al que accedió la AFP, podría ser sometido a votación en los próximos días.

Aún no se sabe si Rusia y otros países africanos apoyarán el proyecto con las sanciones, pues algunos consideran que los enfrentamientos son un asunto interno del país.

El embajador adjunto de Rusia ante la ONU, Petr Iliichev, respondió "no" cuando se le preguntó si las sanciones podían ayudar a resolver la crisis. "Deberíamos encontrar un abordaje que contribuya a una salida política".

Por su parte, el ministro burundés de Relaciones Exteriores, Alain Nyamitwe, dijo ante el Consejo que "Burundi no está ardiendo". "Todo el país está en calma y los ciudadanos se dedican a sus actividades habituales, salvo en algunos lugares acotados en algunos barrios de Buyumbura, donde pequeños grupos de delincuentes armados siguen activos".

Este lunes, dos personas fueron asesinadas y un policía resultó herido en un enfrentamiento a balazos en un barrio de Buyumbura, la capital con una población total de 850.000 habitantes.

Esas muertes se suman a las de otras siete personas -entre ellas un funcionario local de la ONU- en un ataque a un bar realizado el fin de semana por hombres que lucían uniformes policiales.

- Que la historia no se repita -

El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, condenó los asesinatos del sábado y pidió una investigación completa.

El embajador británico Matthew Rycroft reclamó medidas fuertes para impedir que Burundi sufra un genocidio. "Nos acordamos de lo que pasó en la región, en la vecina Ruanda hace 21 años. Debemos impedir que la historia se repita", dijo Rycroft.

Al menos 240 personas murieron desde abril, cuando el presidente anunció que aspiraría a un tercer mandato, "con cuerpos arrojados a las calles cada noche", informó ante el Consejo el Alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad al-Hussein. En el mismo período se exiliaron unas 200.000 personas.

Nkurunziza, reelecto el 21 de julio en unos comicios polémicos, lanzó la semana pasada un ultimátum a los opositores para que entreguen las armas, el cual finalizó el sábado, y advirtió que la policía recibió la orden de usar "todos los medios" para hacer cumplir esa orden.

La oposición, la sociedad civil e incluso una parte de sus expartidarios consideran que un tercer mandato de Nkurunziza es contrario a la constitución y al acuerdo de Arusha que puso fin a la guerra civil (1993-2006).

Burundi, cuya historia ha estado marcada por matanzas entre hutus y tutsis, conoció hace unos años una larga guerra civil que entre 1993 y 2006 enfrentó una rebelión hutu a las Fuerzas Armadas controladas por la minoría tutsi.

El domingo, las autoridades lanzaron una amplia operación de búsqueda de armas en un barrio opositor, Mutajura, en el norte de Buyumbura.

Este lunes las fuerzas de seguridad extendieron las operaciones a los barrios vecinos de Cibitoke y Ngagara.

En Musaga, sur de la capital, cuna de las manifestaciones contra la reelección del presidente, una granada fue lanzada al paso de una patrulla, provocando heridas a uno de los uniformados, según el reporte oficial.

"Dos personas, entre ellas un estudiante que salía de su casa, murieron por culpa de esos policías que disparaban para cualquier lado", dijo un testigo del tiroteo.

Burundi corre nuevamente el riesgo "de posibles atrocidades a gran escala y de una posible guerra civil", sostiene un informe del Internationl Crisis Group (ICG) divulgado el viernes, que denunció que algunos miembros del gobierno usan una retórica similar a la utilizada en la vecina Ruanda en 1994 cuando unas 800.000 personas, en su mayoría de la minoría tutsi murieron a manos de un gobierno predominantemente hutu.

El presidente de Ruanda, Paul Kagame, ha acusado al gobierno de Burundi de "masacrar a su pueblo" y dijo que la situación recordaba el genocidio de 1994.

AFP