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El exvicepresidente de la Asamblea Nacional francesa Denis Baupin durante una sesión el 2 de diciembre de 2015 en París

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El testimonio de varias mujeres que acusan a un diputado de acoso y agresión sexual abrió una grieta en la ley del silencio en la política francesa, donde todavía resuena el escándalo del exdirector del FMI Dominique Strauss-Kahn.

"Es el fin de la 'omertá'. Algunos políticos deben inquietarse un poco hoy, porque ese tipo de comportamiento es frecuente", declara a la AFP la profesora de Ciencias Políticas Camille Froidevaux-Metterie.

La justicia abrió el martes una investigación sobre las acusaciones de ocho mujeres, cuatro de ellas ediles, contra el diputado ecologista Denis Baupin.

Éste, casado con la ministra de la Vivienda, Emmanuelle Cosse, presentó una demanda judicial por difamación contra los medios de comunicación que publicaron los testimonios, el portal Mediapart y la emisora France Inter. Baupin dimitió de su cargo de vicepresidente de la Asamblea Nacional "para poder defenderse".

En la estela de esas revelaciones, el ministro de Finanzas francés, Michel Sapin, reconoció el martes por la noche que había actuado de manera "inapropiada" con una periodista en enero de 2015 cuando se encontraba en el Foro de Davos.

En un libro publicado en abril, los periodistas Stéphanie Marteau y Aziz Zemouri afirmaron que el ministro, al ver a una periodista inclinada para recoger un bolígrafo, "no puede retener su mano murmurando: 'Ah, ¿pero qué me muestra ahí?' y (...) da un tirón a la goma de las bragas de la reportera, que vestía un pantalón de talle bajo".

Después de haberlo negado dos veces, el ministro afirmó en un comunicado que "las circunstancias actuales" del caso Baupin "lo obligan a aportar, con toda transparencia, las precisiones necesarias", sobre los hechos mencionados en el libro.

"Hice a una periodista un comentario sobre su vestimenta posando mi mano en su espalda. No había en mi actitud ninguna voluntad agresiva ni sexista, pero el solo hecho de haber ofendido a dicha persona demuestra que esas palabras y ese gesto eran inapropiados, y lo sentí y lo sigo sintiendo", escribió el ministro.

Una de las presuntas víctimas del diputado Baupin, la portavoz del partido Europa Ecología-Los Verdes, Sandrine Rousseau, exhortó a otras mujeres a atestiguar.

Según Froidevaux-Metterie, autora de una investigación sobre el sexismo en el mundo político, las revelaciones sobre las costumbres sexuales de Dominique Strauss-Kahn después de su detención en Nueva York bajo acusación de violación, en 2011, funcionaron hasta ahora como una "tapadera".

"La multiplicación de escándalos alrededor de Strauss-Kahn, convertido en una especie de monstruosa encarnación de la falta de respeto por las mujeres, y el aspecto 'extraordinario' de las acusaciones contra él, encubrieron paradójicamente la trivialidad de los gestos diarios de los hombres políticos", sostiene la investigadora, estimando que el 'caso Baupin' va a permitir ahora la liberación de la palabra.

Opinión compartida por Catherine Achin, politóloga de la Universidad de París-Dauphine. Hasta ahora, el mundo político protegía sus secretos "incluyendo esos comportamientos agresivos y sexistas". Ahora, la feminización de la política se amplía, las mujeres son "más numerosas en puestos más altos, con experiencia" y "pueden apoyarse en un colectivo para decir basta", comenta.

- "La parte visible del iceberg" -

Al respecto, la diputada socialista y exministra Delphine Batho instó el martes a hacer "una gran limpieza", afirmando que el caso Baupin es sólo "la parte visible del iceberg".

Varias organizaciones feministas reclamaron el martes que se inscriba en el código penal la inelegibilidad de los políticos que sean declarados culpables de delitos sexuales.

La ley del silencio había sido quebrada ya el año pasado por 40 mujeres periodistas que denunciaron en un artículo colectivo las frases sexistas y las propuestas indecentes que debían soportar de los políticos.

Según los politólogos, ese comportamiento se explicaría por "disposiciones psicológicas particulares" de los hombres influyentes y "la ebriedad del poder".

Pero Camille Froidevaux-Metterie recalca que lo esencial es romper la ley del silencio. "Si la palabra se libera, se descalifica a toda una generación de políticos, y se da a la nueva generación una advertencia en favor de la paridad de los sexos".

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AFP