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Un trabajador arroja un neumático a una hoguera encendida en la entrada de una refinería de Total en Donges, Francia, el 31 de mayo de 2016

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Las manifestaciones, las barricadas y las huelgas en los transportes o la enseñanza en Francia transmiten una imagen de país ingobernable, un estereotipo alimentado por una propensión al conflicto social heredada de la Revolución de 1789 que está lejos de ser sinónimo de inmovilismo.

"Este país perece a veces por sus conservadurismos, por su imposibilidad para reformarse", estimó recientemente el primer ministro, Manuel Valls, que intenta desde hace tres meses imponer una reforma laboral rechazada por la mayoría de los franceses.

Decenas de miles de personas se echaron a la calle ocho veces para exigir la retirada del texto. Los sindicatos organizaron barricadas y huelgas en lugares estratégicos como refinerías, centrales nucleares, estaciones y puertos.

Las imágenes de alborotadores causando destrozos y de las largas colas en las gasolineras escasas de combustible han dado la vuelta al mundo. Unas estampas que han llevado a la prensa extranjera a colgarle el calificativo de país irreformable.

- 'Las estadísticas engañan' -

Aunque las estadísticas hay que tomarlas con pinzas, lo cierto es que "Francia forma parte del top 4 en Europa en cuanto a número de días de huelga, junto con Chipre, Grecia y España", explica a la AFP el investigador Kurt Vandaele del Instituto sindical europeo (Etui), con sede en Bélgica. Y eso pese a que sólo el 11% de los asalariados franceses está afiliado a un sindicato. "En Francia el número de días de huelga por año está generalmente relacionado con las reformas propuestas por el Gobierno sobre el mercado laboral o las jubilaciones", añadió, refiriéndose a otras protestas sonadas como las de 1995, 2003, 2006 y 2010.

Para Pascal Lamy, exjefe de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el cambio es "más difícil que en otras partes" debido al "bloqueo psicológico" de la población. "Los franceses tienen miedo del mundo exterior porque creen que pone en entredicho nuestra cultura, nuestro eslogan, nuestros principios, nuestra identidad", explica esta semana en el semanario Le Point. Además "no tenemos un método de reforma", dice.

"Tenemos efectivamente una cultura del conflicto", confirma el historiador Stéphane Sirot. "Desde la Revolución Francesa, la regulación social se basa en la idea de primero un conflicto y luego la negociación. Es un modelo que también existe en otros países del sur de Europa". A la inversa, el norte del continente "optó por un modelo regulador que privilegia la negociación y no llega al conflicto a no ser que ésta fracase".

- 'Francia se mueve' -

Pero, añade, las estadísticas engañan: si Alemania suma menos días de huelga y figura como un modelo de diálogo social es porque la legislación "es mucho más restrictiva que en Francia" y, por ejemplo, los funcionarios tienen prohibido dejar de trabajar.

Los conflictos sociales en las empresas han disminuido: el número de días de huelga pasó de entre tres a cuatro millones entre 1946 y 1975, a entre uno y dos millones en los diez últimos años.

Desde los años 1980, "Francia intenta acercarse a un modelo más pacífico y la cultura de la negociación colectiva consigue, mal que bien, imponerse, al menos en la empresa", explica Sirot. En los años 1970 se firmaban apenas unos cientos de acuerdos laborales en el seno en las empresas, ahora son casi 40.000. Incluso el sindicato CGT, uno de los más reivindicativos, firma el 85% de los acuerdos que negocia a nivel empresarial, añade.

En el conflicto actual, el Gobierno, sin clara mayoría parlamentaria, sufre sobre todo por la revuelta del ala más a la izquierda de su propio partido, declaró al diario Le Monde Alain Juppé, favorito de la derecha para las elecciones presidenciales de 2017. En su opinión, "Francia no es irreformable. Francia se mueve. Francia evoluciona. Se hacen reformas" y se harán más pero para lograrlo "habrá que decir la verdad".

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AFP