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Un joven abraza al papa Francisco durante una audiencia con los bancos de alimentos el 3 de octubre de 2015 en El Vaticano

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El papa Francisco abre el domingo en El Vaticano el segundo sínodo sobre la familia, cuyos debates, sobre temas espinosos como el divorcio, el concubinato y la homosexualidad, marcarán su pontificado.

Del 4 al 25 de octubre, cerca de 400 cardenales y obispos, provenientes de todos los continentes, debatirán por segunda vez en un año sobre los retos que encara la familia católica, en crisis ante los cambios de la sociedad moderna.

"La última palabra sobre todos estos temas la tiene el papa", aclaró el viernes en una rueda de prensa el cardenal Lorenzo Baldissieri, secretario general del sínodo. "Estamos en el mar y hay muchas turbulencias", reconoció el purpurado.

Una serie de cuestionarios enviados a petición del papa a las diócesis de todo el mundo han puesto de manifiesto la distancia entre la severa doctrina de la Iglesia y la práctica de los creyentes.

El primer sínodo o asamblea de obispos sobre la familia, celebrado hace un año, reveló las profundas tensiones y diferencias que reinan dentro de la Iglesia católica, a pesar de compartir una serie de conceptos básicos.

Los 360 'padres sinodales' invitados por el papa, esta vez sabiamente escogidos entre conservadores y progresistas, debatirán sobre temas delicados, sin la obligación de llegar a una conclusión.

Por primera vez, 18 parejas participarán en los debates, las cuales deberán aportar su propia visión como laicos directamente concernidos.

Para el papa, de origen argentino, la familia tradicional está experimentando una crisis profunda, que afecta al conjunto de la sociedad y en particular, a la iglesia, de cuyas enseñanza oficiales se han alejado muchos fieles.

"La alianza entre el hombre y la mujer es la respuesta a los desafíos del mundo actual, siendo a su vez modelo de la gestión sostenible de la creación", adelantó el miércoles el papa durante la audiencia general en El Vaticano.

Francisco, que se presenta como un religioso abierto al diálogo, dispuesto a escuchar a las partes, es un conservador en asuntos doctrinales. Si bien reconoció recientemente que es justo y necesario que una pareja se separe cuando hay violencia, ha reiterado en sus casi tres años de pontificado la condena al aborto, al matrimonio homosexual y a la eutanasia, pero con un tono menos agresivo y reivindicativo con respecto al de sus predecesores.

- Choque de expectativas -

El principal conflicto que los obispos afrontarán gira en torno a los divorciados que se vuelven a casar. Para la Iglesia, el matrimonio es indisoluble y no reconoce el divorcio civil, por lo que no permite a los católicos divorciados que se vuelven a casar acceder a la comunión.

Libros, peticiones, simposios de uno y otro lado piden, por una parte, mayor flexibilidad y, por la otra, recalcan la inviolabilidad de la doctrina.

Una petición lanzada hace varios días en la página Change.org, a petición de una veintena de teólogos de todo el mundo, solicita al papa y al sínodo que autorice la comunión a los divorciados que se vuelven a casar. La petición ha superado ya las diez mil firmas.

Reina un clima tenso, con príncipes de la Iglesia que se acusan mutuamente. Muchos temen que en el curso de este año se haya constituido un núcleo duro, "dedicado a frenar más que a proponer" reformas, aseguraron a la AFP fuentes religiosas.

A principios de septiembre, con un golpe astuto, el papa simplificó el procedimiento para la nulidad del matrimonio, que será además gratuito, con lo que resolvió anticipadamente uno de los problemas sobre el tapete. La reforma democratizó el trámite, pero no modificó los motivos que justifican las anulaciones, asunto que se abordará durante el sínodo.

Algunos sectores progresistas han manifestado sus dudas sobre el resultado del sínodo y temen que el papa de las reformas y de la renovación termine por decepcionarlos. "No entiendo la estrategia del papa. Por un lado, anima el debate y, por otro, parece cerrarlo", comentó recientemente un vaticanista estadounidense.

Los grandes temas que hacen sufrir a muchos católicos, como la comunión de los divorciados o la discriminación de las parejas del mismo sexo, podrían caer en el olvido.

Francisco deberá elaborar, si así lo estima, un documento papal, que para muchos observadores marcará la dirección que tome su pontificado.

El papa de los pobres, de las periferias, el pacificador de América por su papel en Cuba, Estados Unidos y Colombia, tiene la tarea ahora de conciliar sectores opuestos dentro de la misma Iglesia, además de ofrecer perdón y "misericordia", como anunció al lanzar el Jubileo o Año Santo a partir del 8 de diciembre de este año.

AFP