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Un agricultuor cosecha naranjas en una granja de Rio Real, 100 km al norte de Salvador de Bahía, Brasil, el 18 de febrero de 2014

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Anclados por muchos años en la agricultura de subsistencia, campesinos de una localidad de El Salvador vislumbran un cambio dramático en sus vidas tras la adquisición de una planta deshidratadora y empacadora de frutas, que abrirá nuevas fuentes de empleo.

"Hoy se cumple el sueño de todo agricultor: pasar de ser agricultor a convertirse en agroindustrial", afirmó el miércoles el presidente de la Asociación Cooperativa de Producción Agropecuaria San Carlos (Acopasca), Elmer Guadrón.

La cooperativa se ubica en El Paisnal, un municipio del departamento de San Salvador, 38 km al norte de la capital.

Guadrón destacó que la planta generará fuentes de trabajo para los jóvenes, hombres y mujeres de la localidad, lo cual ayudará a reducir la emigración a otros países, en especial a Estados Unidos.

Ahora, los miembros de la cooperativa consideran que sus productos tendrán un valor agregado para el mercado local y nuevos mercados de exportación.

La nueva planta, que dispone de dos hornos deshidratadores de frutas, ayudará a incrementar las ventas de Acopasca, estimadas en 50.000 dólares al mes, mediante la distribución de sus productos a cadenas de supermercados en El Salvador y otros países centroamericanos.

Para fines comerciales la cooperativa creó la marca "Rain fruit" para fruta deshidratada y "Saint Charles" para fruta fresca.

Reunidos frente a la nueva planta en la que ya deshidratan piñas, plátanos, papaya y mango, los socios y trabajadores de Acopasca celebraron el salto tecnológico, que fue posible gracias al apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que aportó 250.000 dólares para la compra de maquinaria, y a la alcaldía de El Paisnal que contribuyó con una suma similar.

"Lo que buscamos es generar oportunidades desde la comunidad" con el fin de que los jóvenes "sientan que es competitivo quedarse en su comunidad", declaró por su parte el vicepresidente salvadoreño, Óscar Ortiz.

Con 20.742 km2, El Salvador tiene en la pobreza a un 35,2% de los hogares, que abarca a 2,6 de los 6,4 millones de habitantes del país.

- Desafiaron la guerra civil -

En el marco de una reforma agraria, la cooperativa fue creada el 30 de mayo de 1980 sin más recursos que el deseo de trabajar de sus miembros, quienes han luchado durante más de tres décadas por mantener la unidad.

"Tenemos 36 años de luchar, no ha sido una tarea fácil, en los años de la guerra civil (1980-1992) nos quemaron cuatro veces las instalaciones y la maquinaria, pero luego nos reponíamos, con pocos recursos seguimos adelante", dice a la AFP Jorge Alberto Sales, de 64 años, administrador de la cooperativa.

En 85 hectáreas de la propiedad, que tiene una extensión total de 600, los cooperativistas desarrollan un sistema de riego por goteo, lo cual les permite diversificar sus productos en verano.

En una parte de la propiedad se pueden observar 50 hectáreas cultivadas de plátano, 400 hectáreas de caña de azúcar y una porción considerable de piña, papaya y mango.

- Bendito trabajo -

En la planta donde se empacan los plátanos en cajas para ser enviados a los supermercados y a la exportación, se observa un intenso pero ordenado movimiento de jóvenes uniformados de blanco y azul con gorros protectores en su cabeza.

Todos ganan el salario mínimo: 251 dólares, pero eso representa para muchos un salto en sus condiciones de vida, pues antes no disponían de ingresos.

"Aquí, mientras haya producción, tendremos este bendito trabajo que gracias a Dios nos da un salario permanente que antes no teníamos", declara a la AFP Rosario Medrano, una madre soltera que debe atender a sus tres hijos.

"Esta planta nos ha traído un gran beneficio porque nos mantiene trabajando, no andamos en cosas malas y nos mantiene cerca de nuestras familias", celebra Carlos Orellana, de 21 años, mientras coloca plátanos en una caja.

"Nos sentimos alegres de tener nuestro primer trabajo cerca de nuestra casa, afuera el empleo está díficil y nos exigen experiencia", comenta José Angel Landaverde, de 23 años.

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AFP