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Soldados filipinos patrullan una calle de Marawi, en la isla de Mindanao, en el sur, el 10 de junio de 2017, en plenos combates contra los yihadistas

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Las fuerzas especiales estadounidenses están apoyando al ejército de Filipinas en una operación para expulsar a combatientes yihadistas de Marawi, una ciudad del sur del país donde murieron 13 soldados filipinos el viernes.

Las tropas filipinas luchan contra unos combatientes que entraron en Marawi enarbolando la bandera negra del grupo yihadista Estado Islámico (EI), el pasado 23 de mayo.

Según el ejército, los yihadistas ocupan cerca del 10% de esta localidad de 200.000 habitantes, la principal ciudad musulmana en un país de mayoría católica.

"A petición del gobierno de Filipinas, fuerzas especiales asisten a las fuerzas armadas de Filipinas en las operaciones en Marawi", anunció este sábado la embajada estadounidense en un comunicado, sin dar más detalles.

Un portavoz militar filipino, el teniente coronel Jo-ar Herrera, confirmó la ayuda estadounidense, pero precisó que las fuerzas especiales sólo "dan un apoyo técnico" y no participan en los combates.

- Civiles atrapados -

Trece soldados filipinos murieron el viernes en enfrentamientos con los yihadistas en Marawi, indicó el portavoz en rueda de prensa. Desde el comienzo de los combates, murieron 58 militares, al menos 138 yihadistas y 20 civiles, según el Gobierno.

Cientos de yihadistas atrincherados en túneles y sótanos llevan más de dos semanas resistiendo a asaltos aéreos y terrestres de las fuerzas de seguridad en Marawi, de la que huyeron casi todos los habitantes.

Según las autoridades, unos 2.000 civiles siguen atrapados en zonas en poder de los rebeldes.

"Los grupos terroristas locales utilizan la mezquita, se atrincheran ahí. También utilizan escudos humanos (...) Somos muy precisos en nuestra operación para evitar daños colaterales", aseguró el teniente coronel Herrera.

- Ley marcial -

El lunes, Washington anunció la entrega de cientos de ametralladoras, fusiles de asalto y lanzagranadas a Manila, en el marco de un programa de ayuda en la lucha antiterrorista.

Estados Unidos y Filipinas, que fue colonia estadounidense, son aliados desde hace décadas y están vinculados por un tratado de defensa mutua desde 1951, pero, desde su llegada al poder en junio de 2016, el presidente filipino, Rodrigo Duterte, ha intentado alejarse de Estados Unidos y acercarse a Pekín y Moscú.

En su comunicado del sábado, la embajada estadounidense asegura que Washington "seguirá trabajando con Filipinas para responder a las amenazas comunes contra la paz y la seguridad" de ambos países, "incluido en materia de contraterrorismo".

Duterte impuso la ley marcial en la región de Mindanao horas después del inicio de los combates, al considerar que el ataque yihadista en Marawi se enmarcaba en un proyecto más amplio del grupo EI para implantarse en esa región sureña donde residen 20 millones de personas.

En las últimas décadas, la rebelión separatista musulmana en Mindanao dejó más de 120.000 muertos y condenó a los habitantes a vivir bajo la férula de señores de la guerra corruptos. Los principales movimientos rebeldes musulmanes negocian, por su parte, la paz con el gobierno.

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AFP