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Dos carteles sobre el 20 aniversario de la entrega de la colonia británica de Hong Kong a China, el 26 de junio de 2017 en este enclave del sur

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Xi Jinping visitará por primera vez esta semana como presidente chino la ciudad de Hong Kong, más dividida que nunca y preocupada por su futuro, 20 años después de haber sido devuelta a China por los británicos.

En 1997, la bandera británica fue arriada por última vez bajo la mirada del príncipe Carlos en este territorio, que había sido una colonia británica desde 1842, cuando terminó la primera guerra del opio.

En teoría, Hong Kong gozará hasta 2047 de muchas más libertades que la China continental. En la práctica, muchos hongkoneses creen que Pekín está reforzando su poder político en esta "región administrativamente especial" y que sus libertades están bajo amenaza.

La visita de tres días de Xi empezará el jueves bajo grandes medidas de seguridad y se esperan manifestaciones de protesta. El sábado, el presidente chino investirá oficialmente a la nueva líder del Gobierno local, Carrie Lam.

Según Joshua Wong, uno de los líderes de las manifestaciones prodemocráticas masivas que paralizaron Hong Kong durante semanas en 2014, el territorio está en un momento decisivo de su historia.

"El carácter único de Hong Kong y el estatuto político de mi ciudad están bajo amenaza", explica a la AFP este estudiante de 20 años, secretario general del partido Demosisto.

Wong pide que en 2047, cuando terminen los 50 años de transición acordados con Gran Bretaña, se celebre un referéndum sobre la soberanía del territorio.

Desde las manifestaciones de 2014 —la llamada Revolución de los Paraguas, que no logró sus objetivos de democratización— se han multiplicado los llamamientos a la autodeterminación e incluso la independencia.

"Lo que queremos es que todo el mundo tenga derecho a decidir por referéndum el futuro de la ciudad", dice Wong.

- Libreros "desaparecidos" -

Sobre el papel, Hong Kong tiene desde 1997 libertades únicas comparadas con las de China continental, como la libertad de expresión, un sistema judicial independiente o una parte de sufragio universal en la elección de su Gobierno.

Pero en los últimos años varios incidentes han revelado la actitud de control de Pekín, como la "desaparición" en 2015 de cinco libreros conocidos por publicar textos críticos con los dirigentes chinos, que finalmente reaparecieron en el continente.

Sin embargo, según Regina Ip, exministra de Seguridad de Hong Kong y denostada por los demócratas, el sistema semiautónomo del territorio "aguanta bien". "Si la democracia que piden implica una ruptura con Pekín, es un punto de salida inaceptable", afirma.

Por su parte, Felix Chung, jefe del Partido Liberal, también favorable a Pekín, cree que el crecimiento económico en Hong Kong es mucho mejor del que habría sido si bajo soberanía británica. "El Gobierno central nos da muchas libertades", asegura.

Carrie Lam, la nueva jefa ejecutiva, ha prometido reconciliar a los hongkoneses, pero incluso antes de su investidura oficial parte de la sociedad la considera a las órdenes de Pekín.

Igual que sus predecesores, Lam fue designada por un comité electoral en la que mayoría de miembros son favorables al Gobierno central.

China propuso cambiar el sistema introduciendo el sufragio universal pero eligiendo primero a los candidatos, algo inaceptable para los prodemócratas de Hong Kong.

Esta reforma fue el detonante de la Revolución de los Paraguas, cuando miles de personas salieron a protestar a las calles.

Hong Kong tiene un asamblea regional, el Consejo Legislativo (LegCo), pero Nathan Law, uno de sus miembros y figura de las protestas de 2014, reconoce que la capacidad de maniobra de este "Parlamento" es muy limitada.

"Los hongkoneses han perdido la esperanza", dice Law a la AFP, "es un problema enorme".

Hong Kong también sufre importantes desigualdades económicas y está inmerso en una burbuja inmobiliaria, provocada en parte por las inversiones de China continental.

AFP