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Huang Nubo, el pasado 6 de mayo en el Instituto Chino de Investigación de la Poesía, en Pekín

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Su padre, acusado de "contrarrevolucionario", se suicidó en la cárcel. Él, fue un cruel Guardia Rojo en la Revolución Cultural, donde toda una generación aprendió la vida, afirma el hoy multimillonario chino Huang Nubo, que teme una repetición del pasado.

El recorrido ha sido largo para Huang, que a sus 60 años es también un montañista de alto nivel que escaló tres veces el Everest. En el exterior, se lo conoce por una tentativa frustrada de comprar un gran trozo de Islandia.

Pero en eso no se agotan sus pasiones. Con el seudónimo de Luo Ying, publicó dos libros de poesías que evocan sus experiencias durante la Revolución Cultural, un cataclismo desencadenado hace exactamente medio siglo por Mao Zedong, el fundador del régimen comunista.

Su padre, Huang Junfu, fue coronel del Ejército de Mao durante la guerra civil (1945-49), pero a fines de los años 50 fue purgado como "contrarrevolucionario". Un destino similar al que conocerán numerosos camaradas de armas del "Gran Timonel".

Huan padre, encarcelado y maltratado, puso fin a sus días. Su hijo tenía entonces tres años. Cuando lo enterraron, "tenía los ojos abiertos/ (...). "Enemigo del pueblo, sin derecho a lápida/Papá se pudre, anónimo como un perro", escribe en un poema.

Huang Nubo se crió en un ambiente de vejaciones, en una aldea de la remota provincia de Ningxia (norte). Cuando la "Gran Revolución Cultural Proletaria", se convierte en un enardecido Guardia Rojo que golpea y humilla a los representantes del "orden antiguo" o de la "vía capitalista" desenmascarados en colegios, universidades y fábricas o en el seno del mismo comité central del Partido Comunista Chino (PCC).

El capítulo siguiente es conocido: una vez que Mao logró desembarazarse de sus adversarios, envió a 20 millones de jóvenes que blandían su "Libro Rojo" a "reeducarse" en el campo.

-'Hombre y demonio'-

Nadie salió ileso: batallas entre vecinos, "sesiones de lucha" en las oficinas, hijos que denuncian a sus padres, en un ciclo imparable de purgas: los cómplices y verdugos de un día incrementan la lista de víctimas al día siguiente.

"Soy víctima, participante y ejecutor. Denuncié y fui denunciado", admite Huang en una entrevista con la AFP. Su segundo libro, prohibido en China, concluye así: "Para quienes han vivido la Revolución Cultural, es imposible distinguir el hombre del demonio".

"Somos todos demonios. Incluso yo", agrega durante el encuentro en la Universidad de Pekín, donde creó un centro de investigaciones poéticas.

China fundó su despegue económico en el desmantelamiento de las comunas populares y el distanciamiento con los dogmas de Mao, dando primacía a las fuerzas del mercado. Pero según Huang, la nueva era está fuertemente arraigada en la dinámica destructora de ese pasado cercano.

"La Revolución Cultural le ha enseñado a mi generación que para sobrevivir hay que comportarse como un lobo", reemplazando los valores tradicionales con la creencia de que "si le pegas a alguien eres un héroe y si eres rico tienes razón".

Su vida se conformó al nuevo dogma: cuando Deng Xiaoping lanzó las reformas con la consigna de "Enriquecerse es glorioso", Huang dejó su trabajo en el departamento de propaganda del PCC y fundó un conglomerado empresarial, Zhongkun, especializado en el turismo y los bienes raíces.

Se estima que su fortuna se eleva a 1.300 millones de dólares. Las autoridades calificaron en 1981 a la Revolución Cultural de "grave" error, que "sembró el caos y acarreó una catástrofe para el Partido, el Estado y el pueblo". Y con eso consideraron que el capítulo había quedado cerrado.

- ¿Otra Revolución Cultural? -

En su segundo libro -"Recuerdos de la Revolución Cultural"-, Huang evoca los cadáveres lacerados y con los vientres llenos de ladrillos, los cuerpos de mujeres flotando en el río y con palos en las vaginas o la ejecución de una anciana por haberse equivocado en las palabras de una canción patriótica.

Pero a medida que se borran los recuerdos de esos horrores, surge una nostalgia insidiosa de esa época, en producciones televisivas que dan un toque romántico a las vidas de los "jóvenes reeducados".

Seis de los siete miembros de la comisión permanente del Buró Político del PC Chino -el órgano supremo del poder-, entre ellos el presidente Xi Jinping, formaron parte de esos contingentes de adolescentes enviados al destierro interno.

"Si seguimos así y no examinamos el pasado, habrá otra Revolución Cultural", advierte Huang. "Si la impresión que prevalece es la del romanticismo (...), la gente no tendrá miedo de recurrir de nuevo a la violencia", reflexiona.

Unos temores que tienen fuerte arraigo en la constante interrogación sobre la tragedia que arrasó con millones de vidas.

"Cuando uno recuerda aquellos años, se pregunta si la pesadilla se produjo realmente. Una vida no alcanza para borrar el mal que le han ocasionado a uno en el corazón", concluye.

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AFP