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Decenas de personas aguardan a la entrada del tribunal de la ciudad húngara de Kecskemet el 21 de junio de 2017, al comienzo del juicio contra los responsables de la muerte de 71 migrantes en un camión

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Veintidós meses después de la muerte atroz de 71 inmigrantes en un camión frigorífico hallado en Austria en agosto 2015, este miércoles empezó en Hungría el macrojuicio a los traficantes considerados responsables de esta tragedia.

En total 59 hombres, ocho mujeres y cuatro niños, entre ellos un bebé, originarios de Siria, Irak y Afganistán, murieron asfixiados en el compartimento herméticamente cerrado del vehículo, sin ser socorridos por los traficantes de personas.

El drama provocó una fuerte conmoción en Europa y favorizó la apertura momentánea de fronteras a los cientos de miles de migrantes deseosos de llegar al oeste del continente.

Rodeados por agentes de las fuerzas especiales húngaras, diez de los once acusados de origen búlgaro, libanés y afgano, todos en prisión preventiva desde hace meses, se sentaron en el banquillo de un tribunal de Kecskemét, la ciudad del sur de Hungría donde había sido alquilado el camión.

Todos están acusados de "tortura" y algunos de homicidio.

El juicio se apoya en un sumario de 59.000 páginas y debe durar varios meses. El tribunal espera dictar su veredicto "este año".

La fiscalía ya anunció que pedirá para cuatro de los acusados cadena perpetua sin posibilidad de reducción de pena por "homicio con agravantes de especial crueldad".

Para los otros siete miembros de la red, solicitará hasta 20 años de cárcel. Uno de los acusados, de nacionalidad búlgara, es juzgado en rebeldía.

El 27 de agosto de 2015, la policía austriaca halló un camión frigorífico abandonado en una carretera de Parndorf, cerca de la frontera con Hungría, con su macraba carga a bordo.

Hacinados en 14 metros cuadrados, con menos de 30 metros cúbicos de aire para respirar, los 71 migrantes, embarcados la víspera cerca de la frontera serbia, habían muerto cuando el vehículo se encontraba aún en territorio húngaron, según los forenses.

Unas escuchas telefónicas establecieron que los traficantes sabían, por sus gritos, que se estaban asfixiando.

"Que los dejen morir. Es una orden", había dicho el cabecilla afgano, identificado como Samsoor L., prohibiendo que se entreabriera el compartimento para dejar entrar aire.

"Si mueren, que los descarguen en un bosque en Alemania", había ordenado a su adjunto, según un sumario publicado por los medios alemanes.

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AFP