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Policías y manifestantes chocan el 14 de junio de 2016 en París

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Cuarenta personas resultaron heridas y más de 50 fueron detenidas este martes en París en una masiva manifestación contra la reforma laboral impulsada por el gobierno francés, que ya se encuentra bajo presión por el atentado yihadista perpetrado la víspera en plena Eurocopa.

Cientos de personas encapuchadas se enfrentaron a los policías poco después del inicio de esta manifestación, la novena organizada por los sindicatos desde marzo.

Los enfrentamientos en París se saldaron con 40 heridos (11 manifestantes y 29 policías), así como con la detención de 58 personas, según las autoridades. En todo el país se practicaron 73 arrestos en total.

La violencia se tradujo en el lanzamiento de adoquines, la quema de papeleras o degradaciones en los comercios, así como en un hospital y en un ministerio.

La policía hizo uso de cañones de agua, una herramienta pocas veces utilizada, constató la AFP. "Nunca hemos visto utilizar los cañones de agua. Es una locura", dijo sorprendido un jubilado.

Los agentes también dispararon gases lacrimógenos y cargaron contra los manifestantes, que les lanzaban proyectiles al grito de "¡París, en pie, levántate!" o "Todo el mundo odia a la policía".

Algunos manifestantes, consternados, lamentaban los desperfectos y criticaban a la policía por "no actuar". "¿Por qué los agentes no lo han impedido?", se preguntaba una mujer.

- Guerra de cifras -

Los sindicatos, liderados por la Confederación General del Trabajo (CGT), esperaban movilizar a decenas de miles de personas para reafirmar su oposición a la reforma del ejecutivo, una movilización inédita contra un gobierno socialista desde hace al menos 70 años.

Según la CGT, una de las tres centrales convocantes, las manifestaciones congregaron a 1,3 millones de personas en toda Francia. La policía habló por su parte de 125.000 en todo el país.

El objetivo de los sindicatos era superar la cifra de 1,2 millones de manifestantes registrados en Francia, según ellos, el 31 de marzo en 250 ciudades (390.000 manifestantes según las autoridades).

"Yo he participado en todas las manifestaciones desde marzo, porque quiero vivir con dignidad y no sólo sobrevivir. Quiero la retirada pura y simple [de la reforma]. Esto terminará cuando se produzca la retirada", asegura Aurélien Boukelmoune, un técnico del sector de la energía de 26 años.

Unas 50 ciudades francesas registraron también protestas e incidentes. Varios manifestantes bloquearon parcialmente la circulación en Brest (oeste) y en el puerto de Marsella (sur).

Según la CGT, también hay varias centrales nucleares y líneas de alta tensión cortadas en la región de París, afectadas por la huelga.

En la capital gala, la Torre Eiffel cerró sus accesos a causa de una huelga de parte del personal. Y, tras dos semanas de protestas, un 7,3% del personal de ferrocarriles (pero un tercio de los maquinistas) hizo huelga.

El 23 y el 28 de junio hay convocadas otras dos jornadas de huelgas y manifestaciones.

- CGT acepta reunirse con ministra -

La jornada de protesta coincide con el examen de la reforma laboral en el Senado, una cámara con mayoría conservadora que podría añadir nuevas medidas liberales a la reforma.

El gobierno socialista, que por el momento se niega a retirar su texto, considerado demasiado liberal por sus detractores, decidió en marzo retirar algunos de las medidas más polémicas con la esperanza de obtener el apoyo de los sindicatos reformistas como CFDT.

La reforma, la última del mandato de cinco años de François Hollande (cuya popularidad según el último sondeo está en el 16%) tiene el objetivo de dar flexibilidad a las empresas para luchar contra el desempleo, que se mantiene en cerca del 10%.

Pero sus detractores consideran que aumentará la precariedad de los asalariados.

El líder de la CGT, Philippe Martinez, que hasta ahora se había negado a negociar con el gobierno, aceptó una reunión el viernes con la ministra de Trabajo, Myriam El Khomri.

En las últimas tres semanas, los opositores a la reforma han bloqueado puertos, refinerías y depósitos de carburante, obligando al gobierno a recurrir a sus reservas estratégicas de petróleo.

Las protestas han perjudicado además la imagen de Francia en el extranjero y en particular en el sector del turismo, ya muy afectado por los atentados de 2015.

La amenaza yihadista volvió a hacerse patente con el asesinato el lunes de un policía y de su compañera a manos de un hombre que había jurado fidelidad al grupo Estado Islámico (EI).

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AFP