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El primer ministro iraquí, Haider Al Abadi, anunció el jueves la reconquista de Tal Afar y las áreas vecinas, retomando el control gubernamental de toda la provincia de Nínive, de la que Mosul es capital

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La victoria de Irak contra el grupo Estado Islámico en Tal Afar fue el último de una serie de avances contra los yihadistas, pero las fuerzas iraquíes siguen enfrentando importantes desafíos, según expertos.

En 2014, el EI protagonizó la conquista relámpago del norte de Irak, donde la policía y las fuerzas armadas abandonaron sus puestos ante el avance de los yihadistas, casi sin oponerles resistencia.

Ello permitió al EI apoderarse de casi la tercera parte del territorio, incluyendo Mosul, segunda ciudad del país, que fue reconquistada por completo en julio pasado, tres años después de que los yihadistas proclamaran allí su "califato".

Hoy el primer ministro Haider Al Abadi, que llegó al poder tres meses después de la debacle militar de 2014, asegura que el Estado iraquí se ha recuperado, más fuerte y mejor organizado.

Bajo el mando del primer ministro chiita y respaldadas por la coalición internacional liderada por Estados Unidos, las fuerzas iraquíes reconquistaron Tikrit, Ramadi, Faluya, y, tras una sangrienta batalla de nueve meses, Mosul.

El jueves, Abadi anunció la captura de Tal Afar y las áreas vecinas, retomando el control gubernamental de toda la provincia de Nínive, de la que Mosul es capital.

Con el respaldo de expertos militares extranjeros, las fuerzas iraquíes "adquirieron en apenas un año una gran capacidad de combate y coordinación", asegura un oficial militar francés que solicitó el anonimato.

"Relativamente bien organizadas y entrenadas, pero también respaldadas, fueron capaces de impedir que los yihadistas se organizasen en líneas de defensa coherentes", dijo a la AFP.

Durante la batalla de Mosul, descripta por un general norteamericano en Bagdad como "la batalla urbana más dura desde la Segunda Guerra Mundial", las tropas iraquíes sufrieron bajas importantes.

Sin embargo, lograron expulsar al EI de todos sus territorios en Irak salvo la ciudad de Hawija, 300 kilómetros al norte de Bagdad y unos pocos pedazos de territorio cerca de la frontera con Siria.

Al lograrlo, recuperaron "la confianza de sus ciudadanos y también a nivel internacional", dice Jassem Hanoun, experto militar iraquí, tras la humillante derrota sufrida tres años antes.

La próxima ofensiva será sobre Hawija, confirmó este viernes el Comando Conjunto de Operaciones (JOC) en un comunicado.

- 'No ha terminado' -

Los comandantes de la coalición aseguran que la toma de decisiones bajo mando iraquí y una mejor cooperación de los servicios de inteligencia entre iraquíes y estadounidenses permitieron realizar ataques más rápidos y precisos.

Sin embargo, el canciller iraquí Ibrahim Al Jafari advirtió el 26 de agosto que "una victoria en Irak no significa que haya terminado la amenaza que representa el EI".

Hanoun considera que el EI regresará a su "modo operativo original", atacando barrios residenciales y mercados. Y que "los servicios de seguridad no están a la altura", por falta de organización y de transparencia.

La cuestión de si la coalición seguirá operando en Irak es un tema político importante tanto para Bagdad como para Washington, que en 2011 retiró sus tropas, ochos años después de liderar una invasión en 2003.

La cooperación de Abadi con Estados Unidos plantea un dilema apremiante: ¿que pasará con la coalición paramilitar Hashed Al Shaabi, crucial para la victoria contra el EI, pero dominada por milicias chiitas respaldadas por Irán?

La mayoría de los líderes chiitas son partidarios de que los Hashed, hoy bajo la autoridad del primer ministro, permanezcan bajo su forma actual.

Sin embargo, los grupos paramilitares han desempeñado un papel problemático en la política iraquí desde los años 1930, según Mohammad Mahmud Uld Mohamedu, profesor de historia internacional en el Graduate Institute de Ginebra.

Los Hashed "son tan solo la versión más reciente de una configuración política y de seguridad nacional, combinada desde 2003 con un compenente sectario", dice.

Los presuntos abusos cometidos tanto por las fuerzas gubernamentales como por los Hashed durante la lucha contra el EI complicarán los esfuerzos para recuperar la confianza de la minoría sunita iraquí, marginalizada y alejada del poder desde la caída en 2003 del dictador Sadam Husein.

Irak se ve además confrontado a otro desafío a su cohesión como nación: un referéndum de independencia en su región autónoma kurda, previsto el 25 de septiembre. Estados Unidos y los miembros de la coalición se oponen enérgicamente a esta consulta, afirmando que puede desviar la atención del combate a los yihadistas.

Bagdad organizará además elecciones parlamentarias y provinciales en 2018.

Abadi "ha convertido al éxito de la campaña militar en argumento fehaciente de que sus reforman funcionan", dice Kirk Sowell, analista político y editor de la publicación Inside Iraqi Politics.

Sin embargo, su campaña podría verse afectada por los precios bajos del petróleo, que golpearon duramente las arcas públicas.

"Como las elecciones no tendrán lugar hasta abril o mayo próximo, para ese entonces una economía desfalleciente pesará más en la decisión de los votantes" que las actuales victorias militares, advierte Sowell.

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AFP