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La madrugada del 24 de agosto de 2016 un terremoto de magnitud 6,0 ​arrasó Amatrice y devastó varias localidades del centro de la península

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Un año después del terremoto que devastó el centro de Italia, el país rinde homenaje el jueves a los 299 muertos, mientras los supervivientes se enfrentan a la lentitud de la reconstrucción de la zona.

El sismo registrado el pasado lunes en la isla de Ischia, frente a las costas de Nápoles, que causó la muerte de dos personas y el derrumbe de casas y edificios, recordó a toda Italia que es un país sísmico, que no cesará de temblar.

Cuando la madrugada del 24 de agosto de 2016 un terremoto de magnitud 6,0 ​arrasó Amatrice y devastó varias localidades del centro de la península, que se desplomaron como castillos de naipes, Italia vivió una de sus mayores pesadillas.

Casi 300 personas murieron sepultadas bajo los escombros, valiosos monumentos históricos, edificios medievales, del Renacimiento y también de reciente construcción, fueron arrasados, y el tejido económico y social de una próspera región quedó destruido.

Pocos meses después, la misma región fue sacudida de nuevo por una serie de fuertes terremotos, el 26 y 30 de octubre y luego el 18 de enero, con menos víctimas que el de agosto. Pero los daños acumulados llegaron a los 23.000 millones de euros.

El jueves, los familiares de 239 de las víctimas se reunirán a las 01h30 (23h30 GMT de este miércoles) para orar y luego desfilarán con antorchas entre las ruinas del casco histórico de Amatrice. La campana de la iglesia repicará 239 veces en su honor.

Otras conmemoraciones han sido organizadas este miércoles y el jueves en otras localidades afectadas, Accumoli, Arquata del Tronto, Pescara del Tronto.

La conmemoración estará marcada por un deseo de meditación. La Cruz Roja Italiana ha pedido a los italianos que observen 24 horas de silencio en las redes sociales, bajo la palabra clave #InSilenzio.

La región es un hervidero de quejas, la insatisfacción reina, los trabajos de limpieza y reconstrucción tardan, los damnificados siguen viviendo en las afueras, el casco histórico de las ciudades sigue siendo una zona de riesgo y se puede acceder con permisos especiales.

- El desafío de la reconstrucción -

El Gobierno aprobó un fondo de más de 6.000 millones de euros para la reconstrucción. "De cara a una secuencia sin precedentes de eventos sísmicos, ponemos en marcha medidas y recursos sin precedentes", aseguró el lunes el jefe de Gobierno italiano, Paolo Gentiloni.

El mismo Gentiloni reconoció las dificultades y los límites para poner en marcha un plan eficaz para reconstruir pueblos históricos únicos que quedaron arrasados.

Solo el 10% de las 4.000 toneladas de escombros ha sido retirado. La mayoría del material es delicado y debe ser clasificado antes de su traslado para la restauración, una manera de evitar además que sea sustraído para el mercado ilegal de antigüedades.

"Estamos en una fase de transición: todavía hay que resolver emergencias y al mismo tiempo estamos entrando en la fase de reconstrucción", explicó Gentiloni.

La mayoría de los damnificados no cuentan con una residencia propia, de las 3.830 casas ordenadas para toda la región solo se han entregado 456 y muchos temen pasar otro invierno gélido sin un techo propio.

El plan de reconstrucción del Gobierno es ambicioso y cuenta con un presupuesto de 500 millones de euros, 12 veces más que el otorgado a L'Aquila tras el terremoto de 2009.

Entre las prioridades figuran la creación de zonas francas para fomentar la recuperación de las actividad económica, entre ellas el cultivo de lentejas seleccionadas y la producción de quesos y jamones, además de impulsar el turismo.

A diferencia de L'Aquila, donde las víctimas fueron ubicadas en barrios nuevos de la periferia y el centro histórico quedó vacío, las autoridades aspiran a recuperar ese valioso patrimonio artístico y cultural.

Para ello cuentan con equipos altamente especializados y capacitados, aunque necesitan tiempo.

Amatrice espera recuperar la belleza del pasado y contar con una plaza que, según el trazado del siglo XV, fue prohibida por el papa de entonces.

Para recuperar el corazón de la península, Italia apunta a cambiar la mentalidad de un país que no respeta las normas antisísmicas, no usa material adecuado y sobre todo no tiene en cuenta su geografía, siendo una de las zonas sísmicas más activas de Europa.

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AFP