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Jordania e Israel, 25 años de una paz "cada vez más fría"

Dos soldados israelíes patrullan el 18 de octubre de 2019 el área fronteriza de Naharayim, en el Valle del Jordán, cedido a Israel en el marco del tratado de paz con Jordania afp_tickers
Este contenido fue publicado el 24 octubre 2019 - 07:10
(AFP)

Veinticinco años después de la firma de un histórico tratado de paz, las relaciones entre Jordania e Israel reflejan las tensiones de una región convulsa, y muchos jordanos siguen considerando al Estado hebreo como un "enemigo".

Este tratado, firmado el 26 de octubre de 1994, en pleno proceso de paz israelo-palestino, puso fin a décadas de guerra entre los dos vecinos. Pero se enfrenta a crecientes desafíos, según los analistas.

El Estado de Israel "con el que firmamos un tratado de paz hace 25 años no es el mismo de hoy", afirma Oraib Rantawi, director del centro de estudios políticos Al-Qods.

"Es otro Israel, dirigido por una corriente religiosa ultranacionalista", agrega, aludiendo a la década de poder de Benjamin Netanyahu, al frente de una coalición conservadora.

El reino comparte su frontera con Israel y los Territorios palestinos ocupados, donde un conflicto de varias décadas se convirtió en la matriz de las convulsiones políticas de Oriente Medio.

Jordania, único país árabe con Egipto en haber firmado un tratado de paz con el Estado hebreo, administró además Cisjordania y la parte oriental de la Ciudad Santa, de mayoría árabe, hasta la guerra de 1967, cuando Israel ocupó y anexionó Jerusalén-Este.

Desde entonces, el reino conserva la tutela sobre los lugares santos musulmanes en Jerusalén.

- "Legitimidad religiosa" -

"Israel no muestra ningún respeto por la tutela jordana de los lugares santos (...) y sus intentos por judaizar Jerusalén se multiplican", denuncia Yazid Khleifat, un funcionario jordano de 38 años.

"El tema de la tutela de los lugares santos es sensible para los hachemitas, ya que afecta a su legitimidad religiosa" explica el politólogo Labib Kamhawi, basado en Amán, aludiendo a la dinastía de la que procede el actual rey Abdalá II, descendiente del profeta Mahoma.

El propio monarca ha calificado varias veces las relaciones con Israel de "paz fría, y cada vez más fría" y advirtió que Jerusalén constituye una "línea roja".

Pese a que la anexión de Jerusalén-Este no fue reconocida por la comunidad internacional, el presidente estadounidense Donald Trump reconoció oficialmente a Jerusalén como capital del Estado hebreo en 2017, provocando la repulsa de los palestinos, que quieren convertir a Jerusalén-Este en la capital del Estado al que aspiran.

En septiembre, Benjamin Netanyahu prometió además anexionar las colonias judías construidas en el valle del Jordán.

La ONU advirtió contra una anexión que "sería devastadora para la posibilidad de reactivar las negociaciones (...) y para la esencia misma de una solución de dos Estados" vecinos, israelí y palestino.

- Palestinos desplazados -

"Jordania respeta la paz con Israel", dice Yusef Rashad, de 41 años, que trabaja en el sector del marketing. Pero el Estado hebreo "nunca quiso realmente la paz y utilizó el tratado para ganar tiempo y destruir cualquier posibilidad de solución de dos Estados", opina.

"Israel desplazó a millones de nuestros hermanos palestinos", clama por su parte Khleifat, que acusa a ese país vecino de haber matado a "miles" de árabes. Para él, Israel es el "enemigo número uno" de Jordania, la mitad de cuya población de 9,5 millones de habitantes es de origen palestino.

Varios proyectos económicos han sido lanzados para asentar la paz, entre ellos la construcción de un aeropuerto conjunto o un canal que uniría el mar Rojo con el mar Muerto, pero, según Rantawi, "no ha habido avances en ninguno de esos proyectos".

Israel suministra 50 millones de metros cúbicos de agua por año a su vecino, muy afectado por la sequía, así como gas.

Sin embargo, los intercambios comerciales son modestos. Y aunque más de 100.000 turistas israelíes visitan cada año Jordania, solamente 12.000 jordanos visitaron el Estado hebreo en 2018.

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