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Un hombre baila con cascabeles en los tobillos en la celebración de una boda, en una casa del pueblo afgano de Joja Paytakht, el 18 de octubre de 2015

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Los cascabeles de los tobillos de los bailarines rompen el silencio de la noche. Los lugareños de Joja Paytajt se han emborrachado con vino casero para celebrar una boda y, de paso, la derrota infligida a los rebeldes talibanes que amenazaban su aldea.

Joja Paytakht se encuentra a dos kilómetros de Maimana, capital de Faryab, una provincia rural en los confines del norte de Afganistán y Turkmenistán. Maimana está muy lejos de Kabul, pero es de extrema importancia para los insurgentes que sueñan con conquistarla, como ya hicieron con Kunduz, otra capital provincial.

En la noche del 4 de octubre, cuando los talibanes se retiraban de Kunduz después de tres días de ocupación, sus compañeros de armas intentaban llegar a Joja Paytajt, con Maimana en su línea de mira. Los habitantes afirman que las fuerzas de seguridad abandonaron sus puestos, por miedo a tener que enfrentarse a los islamistas. El pueblo se ha salvado gracias a la movilización de la población local que, armada con fusiles y cuchillos, logró hacerlos retroceder.

La ofensiva relámpago de los talibanes en Joja Paytajt fracasó, pero ilustra muy bien la saña de los insurgentes, que intentan extender sus operaciones a todo el territorio afgano y ya no se contentan con sus bastiones del este y del sur.

La boda que se estaba celebrando, de dos vecinos del pueblo, fue más festiva que nunca. Los invitados celebraron la unión y al mismo tiempo la humillante derrota de los talibanes. "Esta fiesta, es un poco una bofetada a los talibanes", explica el novio, Nur Ahmed, de 26 años. "Los talibanes están en contra de todas las festividades con música. Es nuestra forma de decirles: 'No venceréis'".

Como manda la tradición, la boda se celebró en dos espacios distintos: una sala para los hombres y otra para las mujeres. En la de los hombres, sentados sobre alfombras persas, abundaba la carne de oveja, el arroz, las berenjenas y las granadas. Los amigos y familiares del novio se sucedían en la pista de baile, con cascabeles atados a los tobillos. "Oh tú que eres tan cruel, mueve el cuerpo", recita el cantante de la fiesta en dari, la variante afgana del persa. "Le di vino hecho en casa", bromea el tío del novio, un poco bebido. "¡Cantará toda la noche!", exclama.

- "Amenazan nuestro estilo de vida" -

La fiesta es un paréntesis para los habitantes de Joja Paytajt, conscientes de su situación en un momento en el que las fuerzas de seguridad no logran frenar la insurrección afgana, sobre todo ahora que sólo pueden contar con un contingente de 13.000 efectivos de la OTAN, centrados en tareas de asesoramiento y formación.

La ofensiva contra Maimana también demuestra la voluntad de querer llevar la insurrección a las ciudades. La línea del frente está a tan sólo unos kilómetros de Joja Paytajt. "Están justo detrás de las colinas de los alrededores", asegura Qara, comandante de una milicia local encargada con otros de garantizar la seguridad durante el festejo.

En el interior, los músicos tocan un repertorio de música popular afgana. "Así que ven, mi pájaro de oro. A ti es a quien espero", susurra el cantante. "Canta conmigo, mensajero del amor. Tráeme la carta de mi bienamada", prosigue.

Para algunos, la danza de los hombres con los tobillos llenos de cascabeles es libertinaje, comparable a la antigua práctica del 'bacha bazi' ('jugar con los niños', en dari), que consiste en entretener a niños prepúberes para convertirlos en bailarines y esclavos sexuales. Pero en la boda de Nur Ahmed, los que se menean son adultos joviales pero sin gracia.

"Los talibanes amenazan nuestra forma de vivir", asegura Nur Ahmed. "Si vuelven, nos sublevaremos de nuevo, con cuchillos, horcas, aunque tengamos que dejarnos la vida en ello".

AFP