Al igual que James Foley, Steven Sotloff y Peter Kassig, Kayla Mueller fue una de las víctimas estadounidenses del grupo Estado Islámico (EI). La operación que llevó en la noche del sábado a la muerte de su líder, Abu Bakr al Bagdadi, fue nombrada en honor a la joven humanitaria asesinada en 2015 a manos de los yihadistas.

Su padre, Carl Mueller, experimentó una "montaña rusa de emociones" cuando escuchó a Donald Trump anunciar el domingo la muerte del líder del EI y hablar sobre su hija, que había sido su prisionera.

Kayla era "una mujer joven y bella" que fue a Siria para "ayudar a la gente", dijo el presidente de Estados Unidos. "Él la mantuvo cautiva durante mucho tiempo y luego la mató", agregó, en referencia a Bagdadi.

La Casa Blanca reveló más tarde que la operación de las fuerzas especiales había sido bautizada con el nombre de la joven.

"Nos conmovieron profundamente" las palabras del mandatario, dijo la madre Marsha Mueller a CNN, luego de que el multimillonario republicano los contactara personalmente.

Kayla trabajaba con el Consejo Danés para los Refugiados cuando fue secuestrada en Alepo, en agosto de 2013. A finales de 2014 fue entregada a Bagdadi, quien presuntamente la violó muchas veces antes de matarla.

El EI afirmó que la rehén de 26 años fue asesinada cerca de Raqa en febrero de 2015, durante los bombardeos de la coalición internacional anti-yihadista liderada por Estados Unidos.

Pero como su cuerpo nunca fue encontrado, sus padres mantienen la esperanza de que todavía esté viva.

"Debido a esta posibilidad del 1%, no podemos rendirnos por completo", dijo Marsha Mueller a la televisión local KPHO este lunes.

"Queremos que Kayla regrese a casa, sé que parece imposible, pero después de lo que hemos vivido y las cosas que han sucedido, creo que podríamos encontrarla".

- "Rendir cuentas" -

Carl Mueller le dijo a Trump que quiere viajar a Irak para conocer el destino de su hija, con la esperanza de que los yihadistas capturados durante la operación "sepan qué sucedió y quién la mató".

El mandatario también habló el domingo sobre los "asesinatos particularmente despreciables" de James Foley, Steven Sotloff y Peter Kassig.

Foley, un periodista de 40 años, fue ejecutado en 2014 en represalia por los ataques estadounidenses en Irak contra el grupo yihadista. Había sido secuestrado en noviembre de 2012 en el norte de Siria, donde cubría el levantamiento contra el régimen de Bashar al Asad para el sitio de noticias estadounidense GlobalPost, la Agencia France-Presse (AFP) y otros medios.

Su madre, Diane Foley, dijo el domingo que espera que la muerte del líder del EI "evite el resurgimiento de grupos terroristas" y que reza por que los "combatientes capturados sean llevados ante la justicia y rindan cuentas".

Sin embargo, le preocupa el destino de la "docena de rehenes estadounidenses en Siria", incluidos Austin Tice, un reportero gráfico desaparecido desde 2012, y Majd Kamalmaz, arrestado durante una visita privada a Damasco en 2017. Estos rehenes deben ser "una prioridad" para el presidente, agregó Foley.

Poco después de la muerte de James Foley, los yihadistas anunciaron la decapitación de Sotloff, otro periodista estadounidense de 31 años que fue secuestrado el 4 de agosto de 2013 en el norte de Siria.

En noviembre de 2014, el EI afirmó haber ejecutado a Peter Kassig, un exsoldado en Irak devenido en trabajador humanitario secuestrado un año antes en Siria. De 26 años, Kassig se había convertido al Islam durante su cautiverio.

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