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Simpatizantes del presidente saliente de Kenia, Uhuru Kenyatta, candidato a su reelección, en Nairobi el 4 de agosto de 2017

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Los kenianos eligen el martes a sus representantes y al presidente entre el saliente Uhuru Kenyatta y su rival Raila Odinga, en votación que podría ser ajustada y degenerar en violencia.

Además de presidente, los kenianos elegirán gobernadores, diputados, senadores, representares locales y representantes de las mujeres en la asamblea.

Hace 10 años, la oposición, ya liderada por Raila Odinga, denunció fraude tras el anuncio de la reelección de Mwai Kibaki.

El país se sumió en dos meses de violencias político-étnicas y represión policial sin cuartel que dejaron al menos 1.100 muertos, expulsaron de sus hogares a 600.000 personas y traumatizaron a un país que se consideraba estable en una región caracterizada por las numerosas crisis.

En esta ocasión, habrá un despliegue sin precedentes de 180.000 miembros de las fuerzas de seguridad por todo el territorio de este país de África oriental de 48 millones de habitantes.

La votación en Kenia suele basarse en los sentimientos de pertenencia étnica.

Kenyatta (un kikuyu) y Odinga (un Luo), establecieron dos poderosas alianzas electorales.

Según los encuestadores, la presidencial dependerá de la capacidad de los dos campos para movilizar a sus simpatizantes el día del escrutinio.

La elección de los gobernadores de 47 condados, fruto de una descentralización puesta en marcha en 2013, podría también conducir a problemas localizados.

- Balance económico -

Raila Odinga, de 72 años y candidato de la National Super Alliance (Nasa), una coalición de oposición que agrupa a cinco partidos, se presenta a la presidencial por cuarta y última vez.

El líder de la oposición asegura que en 2007 le robaron la victoria y rechazó los resultados de 2013 antes de que la Corte Suprema los validara definitivamente.

El presidente, de 55 años, y su vicepresidente, William Ruto, rechazan las denuncias de la oposición y la acusan de preparar a la opinión pública para rechazar su reelección.

Cuando se presentaron en 2013, los dos estaban inculpados de crímenes de lesa humanidad por la Corte Penal Internacional (CPI) por las violencias de 2007-2008.

Al final los cargos se retiraron e hicieron campaña apoyándose en su balance económico.

Desde 2013, la tasa de crecimiento del país llegó a más del 5% y se han desarrollado sus infraestructuras, por ejemplo con la nueva línea ferroviaria entre Nairobi y el puerto de Mombasa. Pero el balance económico de Kenyatta tiene que matizarse.

"Por un lado está la Kenia que se desarrolla, a base de endeudarse, y que se mantiene como la economía más dinámica de África oriental", destaca Francis Mwangi, analista de Standard Investment Bank. "Por otro lado, está la Kenia que apenas se beneficia del crecimiento".

Al crecimiento lo acompañó un alza de los precios de los alimentos, debido una nueva sequía a principios de año.

El gobierno no logró frenar el auge del precio de la harina de maíz, un producto básico para una mayoría de kenianos, provocando malestar entre los ciudadanos más pobres.

El sector turístico, que se vio afectado por el ataque al centro comercial Westgate de Nairobi de 2013 (67 muertos), retomó el ritmo y "el clima para los negocios mejoró", señaló Armando Morales, representante del FMI en Kenia.

Pero el presidente keniano se basó sobre todo en la continuidad de sus predecesores y se benefició durante su mandato de unos precios petroleros bajos, apuntan los analistas.

Como consecuencia del desarrollo de infrastructuras, la deuda aumentó más de 10 puntos bajo su presidencia, superando el 50% del PIB.

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AFP