Líbano entró el jueves en su segunda semana de protestas contra los dirigentes políticos, una agitación sin precedentes que no da señales de calmarse, pese a que el presidente del país se dijo dispuesto a reunirse con los manifestantes.

En un discurso televisado a la nación, Michel Aoun, un general retirado de 84 años, propuso reunirse con los "representantes" de la movilización, pero sin anunciar ninguna medida concreta para calmar las protestas.

Los manifestantes, que critican a unos dirigentes corruptos y se alzan con la pobreza y la precariedad de los servicios públicos, escuchaban a Aoun en directo en los lugares de las concentraciones. "¡No nos contentaremos con palabras vacías!", gritó una mujer, tras el discurso.

El jueves, después de otra noche de protestas, multitudinarias y esencialmente festivas, en varias ciudades del país, las barricadas seguían en pie en varias entradas a Beirut.

En algunas avenidas, los manifestantes habían instalado tiendas de campaña dando a entender a las fuerzas de seguridad desplegadas justo al lado que no se van a retirar.

Bancos, escuelas y universidades llevan días cerradas hasta nueva orden y algunos médicos comienzan a quejarse en las redes sociales de que no pueden acudir a su trabajo. También comienza a faltar dinero en efectivo en los cajeros automáticos.

"Estoy dispuesto a reunirme con sus representantes para escuchar sus peticiones", afirmó Aoun, aunque no hay ninguna figura representativa de la movilización que destaque.

"He oído muchos llamados a la caída del régimen. Pero el régimen, queridos jóvenes, no puede cambiarse en la plaza pública", añadió, en su primera intervención desde que estalló la crisis.

"¡El pueblo quiere la caída del régimen!" es uno de las eslóganes más proclamados durante las protestas, desde su inicio, el 17 de octubre, tras el anuncio de una nueva tasa sobre las llamadas en la mensajería Whatsapp.

El gobierno dio marcha atrás rápidamente y anunció el lunes un amplio plan de reformas económicas. Pero no logró convencer a la población que, casi 30 años después del fin de la guerra civil (1975-1990), sufre importantes penurias económicas en un país considerado uno de los más corruptos del mundo.

- "Derechos esenciales" -

Aoun dejó entrever un posible cambio ministerial, pero también mostró su apoyo a las reformas económicas del gobierno, rechazadas por los manifestantes.

"Estamos aquí para paralizar el país. Algunos creen que esto es un juego pero se equivocan. Pedimos derechos esenciales: agua, comida, electricidad, salud y educación", explicaba un hombre sentado en la calzada, con una kufiya o pañuelo tradicional rojo y blanco, sobre los hombros.

Ante la sede del Banco Central de Líbano, donde decenas de jóvenes se relevan para mantener una movilización permanente bajo la consigna "¡Revolución!", Mohammad, un arquitecto de 27 años, explica, sonriente: "Normalmente, en Líbano, protestamos los domingos y volvemos al trabajo el lunes. Pero esta vez es diferente".

En su rostro comienza sin embargo a leerse la preocupación por este pulso entre el poder y las calles. "Si no pasa algo en los próximos tres días no sé, de verdad, dónde vamos a llegar".

El ejército hizo su aparición en las calles el miércoles y las imágenes de manifestantes y soldados, frente a frente, a menudo fraternizando, eran primera página de los diarios del jueves.

- La mirada puesta en el ejército -

Pese al buen ambiente, casi festivo, de las manifestaciones, hubo incidentes en algunas ciudades.

En el centro de Beirut, partidarios del Hezbolá chiita, cuyo jefe también fue abucheado estos días como los otros dirigentes, se enfrentaron a manifestantes. La policía antidisturbios tuvo que intervenir.

En Nabatiyé, al sur, donde la mayoría de la población es chiita, quince manifestantes resultaron heridos en choques con la policía. Otros enfrentamientos se produjeron en Bint Jbeil, localidad cercana.

En el Monte-Líbano, región mayoritariamente cristiana al este de la capital, hubo manifestantes que dijeron haber sido agredidos por militantes del partido del presidente Michel Aoun. El ejército también tuvo que intervenir.

El papel del ejército, la única institución respetada por unanimidad en Líbano, va a ser crucial. "Todo el mundo tiene la mirada puesta en el ejército", resumía el jueves el diario libanés en inglés The Daily Star.

Según esta publicación, los comandantes del ejército se habrían negado desde el primer momento a una intervención por la fuerza exigida por el gobierno.

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