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Niños jugando cerca de munición en la ciudada cristiana de Sadad, el 14 de noviembre de 2015

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Los soldados sirios y milicianos prorrégimen sonríen viendo cómo juegan unos niños delante de un cañón que por la mañana disparó salvas en la localidad siria de Sadad, en la avanzada del combate contra los yihadistas del Estado Islámico (EI).

Los niños se suben por turnos al neumático de un camión, ajenos a la decena de cartuchos de obuses abandonados y al clima de tensión reinante en este pueblo citado, según sus habitantes, en el libro de los Reyes del Antiguo Testamento.

"Alrededor del 60% de los 12.000 habitantes, en particular las mujeres y los niños, se fueron a otros pueblos cristianos de la región como Fayruza y Yazdal", explicó el alcalde Suleiman Jalil, mientras va pasando las cuentas del rosario. "Otras familias prefirieron ir a Damasco. Los hombres -dice- se quedaron para defender el pueblo".

Esta localidad situada a 18 km de Homs, en el centro de Siria, fue un campo de batalla en octubre de 2013, cuando cambió varias veces de manos entre rebeldes y fuerzas del régimen, que al final se impusieron. Un centenar de civiles murieron durante estos combates.

"Tenemos miedo de las matanzas, pero también tememos por nuestras iglesias porque el EI ya hizo estallar monumentos religiosos en las zonas en las que entraron, como en Raqa", afirma un habitante.

El pueblo, poblado en su mayoría por siríacos ortodoxos, se halla a diez kilómetros de las posiciones del EI. Cuenta con una docena de iglesias, algunas de ellas muy antiguas, que han sufrido destrozos poco cuantiosos.

Aparte de sus múltiples atrocidades contra la población, el EI destruyó una cantidad de tesoros culturales preislámicos y lugares de culto cristianos o musulmanes considerados idólatras o heréticos por los yihadistas.

- Temor de matanzas -

"Estamos amenazados por Daesh debido a nuestra religión", confesó Hasán, un vendedor de verduras de 22 años convertido en miliciano, refiriéndose al EI por su acrónimo en árabe.

"Amenazan a todo el mundo. Nos hemos quedado para defender el pueblo y para impedir que se repitan las tragedias y las matanzas ocurridas en otros pueblos cristianos", añade.

El 1 de noviembre, los yihadistas del EI se apoderaron por sorpresa del pueblo vecino de Mahin desde donde dispararon decenas de obuses contra Sadad, causando víctimas entre los civiles y los combatientes locales.

Las calles están prácticamente vacías. No se ven más que vehículos de las "fuerzas de Sotoro (protección en lengua siríaca)" que patrullan el pueblo.

Alrededor de 250 milicianos Sotoro originarios de Hasaké (nordeste de Siria) defienden barrios y localidades cristianas. Se desplegaron recientemente en Sadad, junto a los habitantes del pueblo y a las "Águilas de la tempestad", un brazo armado del Partido Social Nacionalista Sirio (PSNS, prorrégimen).

Seis "águilas" murieron hace tres semanas cuando un suicida del EI hizo estallar un coche en un retén a 3 km al este de Sadad.

"Vinimos aquí para estar al lado del ejército regular (del régimen) y ayudarlo en su lucha contra Daesh. Estamos aquí para defender a todos los sirios y nuestros hermanos cristianos en particular", afirma Badia Hasan, de 26 años, un combatiente de los Sotoro.

Según él, los yihadistas "cometerán matanzas" si entran en la ciudad.

Las fuerzas del régimen están apostadas en los alrededores del pueblo y, según fuentes locales, también habría posiciones rusas.

Los militares rusos están presentes sobre todo en un aeródromo situado entre Mahin y Sadad. Una fuente militar precisó que se trata de "consejeros" que ayudan a las fuerzas leales a Asad en su ofensiva para reconquistar Mahin.

"Se ha visto a asesores rusos en el pueblo (de Sadad) y algunas personas incluso se han hecho fotografías con ellos", asegura un habitante enseñando una de ellas.

AFP