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Unos inversores, en el interior de la Bolsa de Damasco el 21 de septiembre de 2015

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Mohamad Al Haraki, un hombre de negocios de 52 años, es uno de los últimos inversores en frecuentar la Bolsa de valores de Damasco, que refleja dramáticamente el derrumbe de la economía siria tras cuatro años de guerra.

Haraki había comprado acciones por varios millones de libras sirias al abrirse la Bolsa, en 2009, con la esperanza de ganar dinero. Lo perdió. "Antes, venía aquí para contabilizar mis ganancias. Hoy, mis pérdidas son considerables. Y no voy a vender mis acciones porque puedo perder aún más", se lamenta.

"La bolsa es mi pasión, pero a veces vengo aquí solo para dormir", confiesa Haraki, modestamente vestido.

Las cifras lo dicen todo: el valor de los intercambios era de 7.800 millones de libras sirias en 2011, año del inicio de la guerra. A finales de 2014, era de apenas 3.300 millones.

Es cierto que la capitalización bursátil pasó de 83.000 millones en 2011 a 125.000 millones en 2014, pero la cifra es engañosa, pues la moneda nacional en ese período se hundió ante el dólar. El billete verde se cambiaba en 2014 a 250 libras, contra 60 tres años antes.

La culpa la tiene un conflicto que ha causado más de 250.000 muertos, obligado a más de 11 millones de personas a dejar sus hogares y destruido la mayoría de las infraestructuras del país. Según los expertos, la economía siria ha retrocedido 30 años.

En una confortable sala de 160 asientos de cuero, ante el tablero electrónico donde se anuncian las transacciones, Mohamad Al Haraki se encuentra de lunes a jueves con su compañero de infortunios, Amer Tomé, de 50 años. "Nunca me he saltado una sesión, incluso cuando los obuses llovían sobre la ciudad. Antes de la guerra, la sala estaba llena de inversores, hoy solo somos nosotros dos y los empleados. Todos se han ido", dice.

La Bolsa abrió en 2009, en el marco de un plan de "liberalización económico" iniciado tras la adopción de una "economía social de mercado", durante un congreso del partido Baas, del presidente, Bashar Al Asad, en 2005.

Al principio había nueve sociedades cotizadas. Hoy hay 24, pero los intercambios solo son efectivos para seis de ellas, esencialmente en el sector de la finanza y de los seguros.

- "Viejo loco" -

Pese a ello, el director de la Bolsa, Mamun Hamdan, califica de "victoria" el simple hecho de "que jamás haya cerrado pese a la guerra". "Desde hace años, los economistas soñaban con una bolsa (...). Hoy, todos esperamos el final de la guerra para reactivar nuestro programa económico", dice.

El analista Jihad Yazigi estima que la Bolsa de Damasco es solamente una vitrina que el régimen conserva para "mostrar que todo va bien y que la economía progresa".

Por su lado, a pesar de las pérdidas sufridas, Mohamad Al Haraki sigue comprando acciones. "Se me considera un viejo loco porque compro acciones cinco años después del inicio de la guerra y porque conservo las antiguas", asegura. "Los precios de las acciones son muy bajos, hay que aprovechar la oportunidad. Mañana, cuando la guerra termine y los precios vuelvan a subir, las venderé. Este tipo de inversión requiere paciencia", explica.

Otros accionistas adoptan la misma estrategia, llena de optimismo. "Todos quieren conservar sus acciones con la esperanza de venderlas algún día", afirma Diaa Hijazi, director de la compañía de seguros Cham.

Mamun Hamdan sueña incluso con la salida a bolsa de nuevas sociedades "de los sectores inmobiliario y de los servicios", que sin duda se desarrollarán cuando llegue la hora de la reconstrucción.

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AFP